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Se acercan en Colombia las elecciones más importantes de este siglo: por una parte, la extrema izquierda representada con lujo de detalles por el espurio presidente Petro, liderando la intención de voto en los próximos comicios con su alfil Cepeda, y por otra la mal llamada “ultraderecha” disputándose entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella el pasar a segunda vuelta.
Sobre los resultados de la primera vuelta ha manifestado Petro que si ellos pierden es porque “hubo fraude” y de inmediato incendiarían el país, empezando por la ciudad de Cali. No así sus contrincantes, que se someterán a unas reglas claras y precisas. Todo lo anterior rodeado por un clima de incertidumbre generado por la violencia que estamos viviendo y padeciendo en todos los rincones de la patria.
Y este clima de violencia va en crescendo, al punto que hay quienes tienen el temor que de seguir esta andanada, y al verse la izquierda disminuida, Petro en su desespero sería capaz de aplazar las elecciones en una agenda que no está descartada.
Se sabe con cifras reales que Paloma y Abelardo juntos barrerían a Cepeda, y no obstante el Pacto continúa asustando y amedrentando a la democracia.
¿Y qué hay que hacer? Acaso esperar no es la mejor fórmula. Lo ideal es que la intención de voto por el Tigre y la Paloma crezcan geométricamente para demostrar que somos una mayoría inobjetable, y así las cosas la izquierda quede en una derrotada tercería.
Así que estemos ojo avizor y no nos dejemos arrinconar, recordando la frase de nuestros abuelos: “perro que ladra, perro que no muerde”.
