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Con mucho dolor, el empresariado del Valle del Cauca ha recibido la mala noticia de la muerte de don Ernesto de Lima Le Franc. Fue sin duda uno de los vallecaucanos más importantes del último siglo, pues no solo combinaba la varita mágica para liderar un sinnúmero de empresas que abarcaron la agricultura, la industria, las representaciones internacionales y los servicios, sino que se constituyó en un líder de la responsabilidad social.
Generó empleos y también batalló cívicamente para sacar adelante proyectos vitales para el desarrollo regional, como fueron el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y el progreso aeronáutico y vial, por solo citar algunos de sus empeños, muchos de los cuales salieron avante.
Fue presidente de comités empresariales e intergremiales, representó al Valle en escenarios nacionales e internacionales y se convirtió en un referente cívico-social sin haberse mezclado en la politiquería para poder pedalear sus nobles iniciativas.
A lo largo de sus 91 años se distinguió por su modestia y un actuar impecable, cosechando el respeto y la admiración de sus conciudadanos.
Este departamento ha perdido un referente y un ser ejemplar, posta que han tomado sus hijos para proseguir con su actividad económica y social.
Una lástima que la construcción de la carretera Mulaló-Loboguerrero no ha podido ser realizada, sueño por el que tanto luchó en los últimos años.
Ajeno a figuraciones y protagonismos, mantuvo un bajo perfil en donde no cupieron escoltas ni talanqueras para poder llegar a él. Sencillo, de pocas palabras, afectuoso, familiar y entrañable, se nos ha ido uno de los grandes de este departamento que le rinde honores, muy a pesar de su recato y timidez.
