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Muy mal hizo la Secretaría de Salud de Bogotá cuando, en un execrable abuso de autoridad, cuatro funcionarios de esa dependencia destruyeron varias botellas de viche en un restaurante capitalino argumentando que el expendio de este producto no es legal.
Ello provocó de inmediato que los demás establecimientos se abstuvieran de comercializarlo, so pena de ser sancionados y de que inclusive cerraran sus negocios.
Para quienes aún no lo saben, el viche es un licor espirituoso hecho a base de caña de azúcar al que le atribuyen poderes afrodisíacos y desde el año 2021 fue declarado patrimonio cultural inmaterial de la nación.
Considerada una bebida ancestral, tiene un significado cultural e histórico con una tradición que se remonta más de 100 años. Muchas comunidades afrocolombianas de nuestra costa Pacífica derivan su sustento de la producción de viche. Con ilusiones y esperanzas vienen trabajando en esta bebida desde hace varias décadas, conquistando esquivos mercados nacionales e internacionales.
Además, qué bueno que existan emprendimientos legales para estas gentes que gracias a este trabajo se han ido alejando de tantas tentaciones del dinero fácil, el contrabando, el narcotráfico y la justicia de quienes tienen las balas como forma para imponer sus criterios.
Mal hace entonces esa dependencia capitalina al irrespetar un patrimonio como el viche y hacerle mal ambiente. Es sabida la laxitud con que manejan otros licores sin estampillas y se hacen los de la “vi$ta” gorda.
Es de subrayar que el viche no está prohibido, pero existe un vacío legal en el estatuto que regula su comercio y está pendiente la bendición final proveniente del Gobierno. De ello se colige que estos funcionarios tuvieron otros intereses al proceder de manera tan apresurada, inconsulta y desde luego irresponsable.
