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Violencia intermunicipal

Mario Fernando Prado

08 de octubre de 2021 - 12:30 a. m.

La balacera del pasado sábado en un concurrido centro comercial de Cali tiene, con razón, con los pelos de punta a los habitantes de la Capital de la Alegría. Se trató de un ajuste de cuentas entre dos bandas delincuenciales de Buenaventura que al parecer han extendido sus tentáculos a la capital vallecaucana.

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Y no solo eso: la violencia es cada día más aterradora. Los robos de vehículos, los atracos en restaurantes y estaderos, el raponeo de celulares y, lo peor, el clima de inseguridad han hecho que las autoridades reaccionen con extremas medidas de choque para reprimir y asestar golpes a la delincuencia organizada y a la callejera, con resultados comparativamente mejores que los del año pasado.

Además, se ha detectado, desafortunadamente, que las actividades criminales se han trasladado de algunos municipios vecinos al casco urbano de Cali. Podría llamarse una importación delincuencial, difícil de identificar y perseguir porque hacen sus pilatunas y se vuelven humo.

Menos mal que la ciudad cuenta con un nuevo secretario de Seguridad bastante curtido en esas lides, que ha logrado poner orden en casa, incrementar el presupuesto para reparar y adquirir más cámaras, comprar equipos de alta tecnología, aumentar el pie de fuerza y articular las dependencias para trazar un plan de acción unificado de manera coordinada y eficiente.

Falta, sí, un mayor compromiso del Gobierno central con esta ciudad, considerada una de las más violentas de Latinoamérica, y que además patrocine la creación de nuevos empleos y facilite la capacitación de una población que no encuentra salidas distintas a la delincuencia y a matricularse en tenebrosas organizaciones criminales que requieren sus servicios

Por último, urge realizar una gran campaña motivacional entre la opinión pública para que denuncie actos sospechosos y colabore con las autoridades, porque eso de ver, oír y callar muchas veces es complicidad.

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