¿Seremos capaces los colombianos de votar sin odio? Me vengo haciendo esta pregunta cuando advierto que esta campaña presidencial no está basada en las propuestas de los candidatos que permitan tomar una decisión objetiva, sino en un vulgar contrapunteo entre unos y otros. Ofensas van, ofensas vienen; peor aún, se lanzan mentiras y calumnias, mientras hacen su agosto las redes sociales de manera temeraria, procaz e irresponsable.
Además, estamos en el imperio de las falsas promesas , las medias verdades y las totales mentiras, donde lo más absurdo y los imposibles son el gancho ciego para ganar electores.
Si a lo anterior le sumamos los odios entre unos y otros, he ahí un cóctel molotov en el que ha desaparecido totalmente la sindéresis. La irracionalidad se ha tomado las conciencias de los sufragantes, a tal punto que no se votará por fulano sino en contra de zutano.
Ese absurdo comportamiento no es solo triste sino peligroso, porque la exaltación de la violencia tiene ahora un nuevo escenario, esta vez en las urnas y, peor aún, el día mismo de los comicios, adonde se acudirá con miedo y sin libertad debido al acoso intimidante de quienes no toleran ni respetan la voluntad de aquellos que no están con su candidato.
Lo ideal sería que todos acudiéramos a ejercer el sagrado derecho de la democracia sin que se nos señalara condenatoriamente ni se nos castrara nuestra decisión soberana, teniendo en cuenta que ante todo somos colombianos y, como tales, estamos obligados a respetar y acatar la decisión de las mayorías.
Votemos sin odio y sin odios, porque aquí debemos y tenemos que caber todos. ¿Será que sí?