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75 años a la espera de un país “otro”

Mario Méndez

14 de abril de 2022 - 12:30 a. m.

El niño grande que me habitaba escuchó por primera vez a Jorge Eliécer Gaitán en 1947. Eran los días en que El Espectador cumplía 60 años, diciendo “cosas” que ya leíamos en ejemplares prestados, y aquella voz del caudillo que denunciaba injusticias sociales contribuyó a determinar nuestro temprano sentir social.

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Ahora seguimos pensando que se debe construir otro país para favorecer a sectores hoy casi ausentes de las cifras del desarrollo nacional. En tal sentido, es indispensable derrotar el interés de pocos, además de lograr un provecho pleno de los recursos naturales, explotando el potencial de nuestra biodiversidad y las ventajas geográficas del país, condiciones congeladas por el latifundio.

Es preciso traer a la memoria que, en ese anhelo justo, algunas voces inspiradas y que marcaron momentos de la historia fueron acalladas, pues cinco candidatos a la Presidencia murieron a manos del fanatismo derivado de una concepción hegemónica de la cosa pública. Decimos “murieron”, y no “han muerto”, porque esperamos que no se repita este tipo de tragedias. En su orden, fueron inmolados cinco candidatos a la Presidencia: Jorge Eliécer Gaitán (1948), Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán (1989), Bernardo Jaramillo (1990) y Carlos Pizarro (1990), seguidores confesos, los dos primeros, del también asesinado líder Rafael Uribe Uribe, caído frente al Capitolio en 1914. Ninguno de estos personajes pertenecía a la crema gobernante y todos querían el cambio social. ¿Por qué los mataron?

Los jóvenes de hoy deben conocer y entender estos acontecimientos, de modo que se tenga clara la necesidad de manifestarse en las urnas, único recurso a la mano para un viraje inaplazable. Esa participación debe tener en cuenta asimismo que la independencia obtenida de España, hace más de dos siglos, ha de superar lo puramente formal. Ya es el momento de romper con esa democracia aparente, enseñada como “normal” e introyectada por la gente que más teme ante un asomo siquiera de reforma y acepta las indignantes brechas sociales como expresión de “la voluntad de Dios”.

Esta forma acrítica de asumir la realidad se reproduce en una práctica inercial que conviene a los usufructuarios del poder público, en medio de cada vez más amplias capas de la población sumidas en la pobreza extrema. Ante tal situación, urge hacer ver que estamos ante un suceso electoral que pudiera ser una transición a estadios superiores de sociedad, así sea en un ambiente que recuerda la pugnacidad previa a los comicios de 1950, cuyo resultado esperado se frustró con la muerte de Gaitán.

Finalmente, dejamos una pregunta ingenua: ¿cómo conciliar la moral cristiana de la que alardean quienes se aprovechan de las estructuras sociales, hechas a su medida, con la falta de conciencia social y su costumbre de mentir para quitarles piso a sus contradictores? Es el juego político, se dirá. Nosotros agregamos: es la pobreza ideológica más hirsuta, que se nutre del pensamiento imperante.

Tris más 1. Saludable la llegada al Senado de la indígena nasa Aida Quilcué, “la Gaitana del siglo XXI”, llamada así durante un encuentro en Asturias (España).

Tris más 2. Admirábamos a Marbelle por su tenacidad. Hoy, ante su áspero racismo, vemos que, en términos de integralidad, no basta tener el favor de Euterpe.

* Sociólogo, Universidad Nacional.

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