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Canto por los amigos

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Mario Méndez
18 de enero de 2021 - 03:00 a. m.
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La pandemia nos ha deparado experiencias muy fuertes, entre ellas la íntima sensación de repensar las relaciones sociales —en especial la amistad—, ajustándolas en forma tal que sean de verdad un ingrediente vital de nuestra existencia. Naturalmente que partimos de la altísima valoración de este vínculo de hermandad no sanguínea. Cuando llegamos a una vivencia traumática, entendemos las dimensiones de ese acumulado tan valioso que ata a los seres humanos. Cuando de pronto encontramos que somos presa del coronavirus, con un positivo confirmado, entramos en un estado de ánimo que nos sacude y nos hace pensar en términos de velación. Surge la preocupación por lo que pudiera ocurrir al infectarse, con la pregunta omnipresente acerca de si soportaremos la circunstancia, porque no lo esperábamos: siempre los contagiables son otros.

En medio de tantas actitudes negativas de la gente como se manifiestan en la cotidianidad social, con ribetes que producen desazón y tristeza, y que conmueven la conciencia, la respuesta de nuestros amigos es una confirmación de que el hombre conserva rasgos salvadores para la sociedad y no todo está perdido, por encima del egoísmo presente incluso en el ámbito del poder, como una deformación del destino más ambicioso del hombre en el plano de lo político.

La amistad se muestra entonces como ingrediente complementario de los requerimientos propiamente médicos, las grageas y la terapia, las recomendaciones del facultativo. Muchas cosas más se pueden decir de la amistad en momentos cruciales, de dolor, de incertidumbre, cuyo impacto disminuye cuando aparecen los amigos con sus palabras, su actitud, su preocupación: la sangre no común, unida a nuestra sangre.

Celebramos, pues, contar con amigos, buenos, queridos, pendientes de nuestra situación, que abren su alma para refugiarnos cuando tanto lo requerimos. Ya que la situación no lo permite, queda el recurso del teléfono y el correo para decir presente, mientras vuelve el encuentro real para el abrazo y el intercambio de las pulsaciones de los días, para compartir un tinto, para darle un uso humano, vibrante y compañero a la palabra: eso es fundamental para una vida plena.

Pensamos, en fin, que la vida sin amigos sería demasiado vacía. ¿Existirá en la realidad quien no cuente con un hermano de este tipo? Si esto es así en algunos casos, estamos ante una coyuntura pobre, un cuadro de indigencia dolorosa que no permite realizarse como animal social y menos como ser humano. Si la felicidad existe, al menos como una suma de segmentos positivos en la vida, aun dentro de la línea general de nuestro paso por la Tierra, no creemos que esa existencia sea posible sin personas que nos alienten.

Amigos que nos llaman, amigos que nos ofrecen la ayuda que se necesite, amigos que se reportan, ustedes contribuyen a llenar nuestros días y seguirán siendo invasores del corazón.

Tris más. Siguen golpeándonos los asesinatos de líderes sociales. Duelen porque también ellos son una clase invaluable de amigos aun sin conocerlos.

* Sociólogo Universidad Nacional.

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Flor(3922)18 de enero de 2021 - 10:09 p. m.
Muy cierto, señor Méndez. Los buenos amigos son una riqueza invaluable.
Hernando(84817)18 de enero de 2021 - 02:49 p. m.
Lo felicito sinceramente por contar con esa clase de amistades.
Francisco(82596)18 de enero de 2021 - 02:31 p. m.
Hola, amigos. Totalmente de acuerdo con el columnista. Como canta el poeta español Jorge Guillén, "Amigos. Nadie más. El resto es selva".
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