En ninguna encuesta aparece la ignorancia como un problema, derivado del analfabetismo funcional. Ni de último. Creemos que eso indica algo grave en cualquier sociedad: es una paradoja que el grado de desconocimiento de muchas cosas sea tan grande, que no se percibe como asunto tan negativo. ¿Alguien sensato discutiría sobre la incidencia de un factor social de esta naturaleza como uno de los elementos de los cuales provienen los problemas del país y del mundo?
De modo que, para una política de Estado, el alfabetismo activo debió ser siempre un propósito central, pero no siempre lo fue en nuestro medio. Se entiende que, por ejemplo, la seguridad, percibida generalmente como problema de primer orden, depende de otros factores, entre ellos la ignorancia, con un peso muy importante. Pero la mayoría de quienes responden a las preguntas de una encuesta pasa por alto –casi obviamente– que la ignorancia es un grave problema social en cualquier medio.
Veamos algunas situaciones en que la rusticidad cerebral impide el desarrollo de una conciencia crítica ante muchos episodios de la vida social y política. Es claro que ante la opinión pública aparecen unos hechos que exigen una opinión con criterio, ¡ojo, con criterio! Pero no es así. Por ejemplo, una señora opositora del chavismo en Venezuela, con grandes intereses en la economía de su país, ignora que es inaceptable que una potencia internacional intervenga físicamente en otro país, el suyo, ¡pero además le pide al mandamás de aquella que lo haga! Y mucha gente está de acuerdo, a diferencia de la posición que exhiben los mexicanos mediante su Doctrina Estrada, que defiende la autodeterminación de cada país, dicho esto como ejemplo de sindéresis (Diccionario de la Real Academia Española: “Discreción, capacidad natural para juzgar rectamente”). Aquí lo destacable no es que haya diferencias de opinión sino que cientos o millones de personas se plieguen a esa visión de las cosas. En Colombia, una “despalomada” o desplomada candidata, favorecida por el pensamiento colonizado, muestra una posición igual, mientras muchos de sus seguidores no lo ven como algo inaceptable y siguen prestándole oídos. ¡Eso es inadmisible!
En otras situaciones de la escena nacional, en plena campaña electoral, aparecen como herramientas de convencimiento las mentiras o el desconocimiento, factores ambos calculados como válidos para atraer votantes. En esa tónica bobalicona y peligrosa, un ex precandidato ‘selenita’ despotrica contra Petro, señalándolo como responsable de una supuesta debacle en la situación colombiana, ignorando las evidencias estadísticas que le dan la razón (buen manejo de la economía, reconocido por la OCDE; disminución del desempleo, comportamiento del precio del dólar; aceptable balanza comercial, desarrollo de la producción agrícola, gracias a una positiva política de tierras; control de la devaluación, mejoramiento de los salarios y, por ende, ampliación del mercado nacional, etcétera, sin desconocer lo que ocurre en el manejo fiscal y en la salud, que tienen formas de explicarse ante la resistencia de la oposición al cambio social).
Por otro lado, un atigrado aspirante promete que destripará a la izquierda, y encarcelará a Petro y sus “secuaces” por sus “fechorías” y su actividad “criminal”, todo dicho con énfasis y enfocado a canalizar en su favor los verdaderos estragos de la ignorancia de tantos de nuestros compatriotas, buena gente que cae en la trampa tendida porque carece de un pensamiento medianamente capaz de discernir sobre la verdad de las cosas. Ese talante desparpajado, desde luego, responde al manejo calculado del marcado machismo en nuestra cultura. Y, lamentablemente, esas distorsiones de la realidad nacional se multiplican, como lo explicaría un principio tan elemental como desconocido: “La ideología dominante es la ideología de la clase dominante”, en lo cual convendría escarbar para sacar a flote la verdad de nuestro imaginario imperante.
En esa manipulación no hace mella contrarrestante lo que Fabio Arias, presidente de la CUT, señala cuando dice que “dato mata relato”, hablando de los resultados de una gestión gubernamental que se ha desarrollado con tantas dificultades. ¿Y por qué no cala lo que recalca Arias? Porque, por desgracia, para muchos no pasa de ser una frase no siempre comprendida (dirían ¿y qué es eso de dato y relato? ¿Una rima poética?). ¿Y por qué esa mala fe en la actividad verbal de campaña? Por defender privilegios: así de simple.
En este punto encontramos, una vez más, que los factores que justifican el cambio social son los mismos que se oponen al cambio social, ¡y ahí se muestra plena la ignorancia! Resulta grave, ¡cómo no!, que cuando alguien se toma el trabajo de desmontar tácticas de seducción en el mar de la ignorancia, el espantajo de la respuesta violenta empieza a mostrar la punta de su hocico.
Tris más 1. En el conversatorio de la ESAP el 19 de febrero pasado, el padre Javier Giraldo y Walter Joe Broderick, biógrafo de Camilo Torres, aclararon nuestras dudas sobre los restos del cura guerrillero –expresadas por nosotros en crónica del pasado 15 de febrero–, cuya presunta entrega a Fernando, hermano de Camilo, realmente no se dio. De modo que los despojos que ahora reposan en la capilla de la Universidad Nacional son los que son y todo queda claro.
Tris más 2. La recordada preocupación de Camilo, sobre por qué los creyentes no aman y los no creyentes sí lo hacen, pone de manifiesto una realidad muy dolorosa. ¡Qué duro asunto este en el que el cura se quejaba de que, en general, quienes se consideran católicos no se interesen por la suerte de sus semejantes! Quizá porque la Iglesia no se ha interesado en “formar” y estimular el principio de ser coherente, y se conforma con catequizar, herencia de la Inquisición. ¡Qué duro el camino para que el ser humano avance hacia un objetivo que vemos tan difícil de alcanzar: que el Homo sapiens sea hermano de sus semejantes!
* Mario Méndez es sociólogo Universidad Nacional.