De los tres problemas vertebrales que debía afrontar el presidente Petro, como se dijo aquí al inicio de su gobierno, el de la incomunicación es el que está haciendo más daño.
Se sabía que la coalición estaba pegada con babas y que duraría hasta que aparecieran las ambiciones electoreras. Los apoyos iniciales a las reformas se han ido diluyendo en la medida en que los fortines donde el clientelismo forjó en el pasado falsas mayorías se han escapado de sus manos. Chantajean los barones electorales con sus decires seniles y de mal aliento en busca de cuotas, protagonismo o contratos. Cada vez será peor.
Se sabía también que las élites anquilosadas en privilegios, que asustaron con el advenimiento del castrochavismo, y hoy lo hacen puerilmente con la amenaza del retroceso hasta el siglo pasado, iban a ser las vacas muertas de toda reforma. Esos que en lustros pasados invocaron la decisión popular en las urnas para hacer lo que se les venía en gana hoy buscan imponer, con el pretexto de una pretendida democracia, los intereses de una minoría. Nada los hará cambiar.
Se sabía también que la comunicación iba a ser la autopista para el despegue de su gobierno. Sumado al error de apostarle todo a la desintermediación en redes sociales –camino en el que fue pionero Barack Obama, pero también el primero en recular en busca del oxígeno de la favorabilidad pública–, está el de la incomunicación con ministerios, institutos y entidades de primer orden. Increíblemente, la inmensa mayoría de su círculo “cercano” no ha tenido línea directa con el presidente para conversar, proponer y discutir horizontes o alternativas.
Los mandados a decir a través de la jefa de gabinete están haciendo agua. Tampoco es suficiente con los encuentros masivos en medio de la informitis del PowerPoint. No basta con apoyos en políticas generales, solidaridad de cuerpo o regaños en discursos o Twitter. Eso explica el recurrente fuego amigo.
Pero más que nada, presidente, sus funcionarios necesitan conversa e inspiración. Atiéndalos, de lo contrario seguirán, como hasta ahora, cada uno por su lado.