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¿Animales políticos? 


Mario Morales

19 de junio de 2024 - 12:05 a. m.

Si hay una víctima propiciatoria en medio de este caos e incertidumbre por escasez de certezas y aumento de violencias verbales y retóricas del odio, es el debate público, ese reducto que fue a la vez oxígeno y catarsis cuando no había más.

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No deja de ser paradójico que, cuando aún se celebra la emergencia de nuevos canales de expresión, muchos de los agentes en esta tergiversada democracia quieran acabar con la posibilidad de disentir. Descartada por obvia la responsabilidad de los enemigos declarados de la esfera pública, desde la acción hasta la omisión, todo empuja a la imposición de puntos de vista, incluso mediante triquiñuelas: desde el bochornoso espectáculo de deshacer los cuórums legislativos, hasta los atajos para aprobar vía exprés proyectos moribundos; desde las imprecaciones presidenciales, hasta las inéditas advertencias del Consejo de Estado a la incontinencia verbal de Petro —sobre todo ahora que es curiosamente eficiente investigando pérdidas de investidura en la coalición de gobierno, dos finalizadas y otra en trámite—, como si el rabo de paja no estuviera repartido en otras vertientes.

Más allá de la inviolabilidad de los fueros, el jalón de orejas para llamar a la cordura debe cobijar a todos los líderes de opinión, pero sobre todo a los que son y han sido funcionarios públicos, comenzando por algunos expresidentes y congresistas que hicieron de las pandectas, cuando no de la calumnia y la injuria, su plataforma y proyecto.

En cualquier caso, es preferible el exceso que las cortapisas y prohibiciones. Una cosa, por ejemplo, es que lucios, íngrids y polo polos, por incapacidad o estrategia, se representen como insensatos y sean utilizados por la creciente editorialización y toma de partido de algunos medios, y otra muy distinta es que haya que vetarlos.

Ayudaría mucho entender que el éxodo de audiencias se debe, antes que a los avances tecnológicos señalados de culpables, a la antipática ideologización mediática, al engorde de figuras disonantes y a los reiterativos relatos de inseguridad.

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Que ya no se pueda debatir en paz de fútbol, política, problemas sociales, gustos o tendencias habla de qué parte se está imponiendo en esa dualidad de animales políticos con la que solemos describirnos.

@marioemorales

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