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El problema no es la imagen del alcalde Galán, que va cayendo a pedacitos, ni la ingenua estrategia de la petrofobia para tratar de menguar desfavorabilidades que ya marcan números preocupantes, sino ese decadente estado de ánimo distrital por la inacción frente a la inseguridad, parálisis en movilidad, basuras y mensajes equivocados en la crisis del agua y avance de obras.
A falta de ideas y con la sensación creciente de desgobierno y desconcierto, los asesores recurrieron a la fórmula facilista de buscarle pelea al presidente. Ignoran que eso solo funciona cuando hay bases, partidarios y doctrina, y que no pasan de titulares desangelados por falta de protagonismo de quien creció como pompa de jabón y resultó elegido para que no subieran otros.
La dura realidad ha hecho trizas los intentos propagandísticos del delfín superado por la inseguridad desbordada, con asaltos diarios a plena luz del día, cadáveres en maletas, sicariato, extorsión y microtráfico que le entregaron las calles a los maleantes sin que el jefe máximo de la policía en la capital dé pie con bola.
Más que tristeza, indigna el estado de abandono en medio de basuras con el peregrino argumento de que la ciudad está en obras, ninguna de las cuales contrató el alcalde. No obstante que, sin pudor y vestido de casco y chaleco, sale a reclamar avances que parecían creíbles en medio de la entrevistadera y la reproducción mediática de sus redes sociales, pero que muestran retrasos significativos en la avenida 68, la primera línea metro, estaciones de Transmilenio y otras obras que debieron entregarse hace dos meses y siguen ahogadas en prórrogas, adiciones, inconsistencias en informes y demoras, como se ha denunciado en el Concejo.
Para colmo, y pese al sacrificio en el racionamiento vigente por la improvisación en el manejo del agua, la administración sigue descargando en los ciudadanos la culpa por la falta de previsión y el castigo por la ausencia de alternativas distintas a privar del agua o al ruego para que llueva en los embalses.
Con razón en la encuesta Invamer Galán salió como el menos querido de los alcaldes y Bogotá con una de las cargas más altas de pesimismo. Sí, Bogotá camina insegura y sin esperanza.
