Cuatro años de gobierno y décadas de agitación social y no aprendieron a leerlo. Mientras el país se rasgaba las vestiduras por el presunto desconocimiento del resultado electoral por parte del presidente, los más ingenuos incluso comenzaron a hablar de pretensiones golpistas o acusaciones sin fundamento. En un trino, Petro logró desinstalar con esas argucias el sentimiento derrotista de sus huestes y frenar el triunfalismo que difundían en directo medios y redes y que parecía imparable.
No era más que una jugada para sacar de casillas al temperamental candidato de la ultraderecha, que tuvo que cambiar su tono exaltado para improvisar un discurso deshilachado y sin estructura en vez de los voladores a los que está acostumbrado, y para amainar, como efectivamente sucedió, celebraciones anticipadas.
Era cuestión de horas para que Cepeda, sobre ese estado anímico limitado, comenzara la campaña para la segunda vuelta, mientras su oponente y seguidores desnudaban su espíritu totalitario con amenazas e imprecaciones que iban desde el uso de la fuerza hasta ofrendar la vida; las celebraciones como tema mediático les cedieron el paso a las alarmas por el tono radical de ambas campañas.
A dichas advertencias, Cepeda se adelantó y dejó ver los ejes de su nueva estrategia: radicalización; confrontación y personalización del discurso frente a su muy pando rival; alianzas por la vida con sectores afines que nunca tragarían los sapos que acompañan a su antagonista; especial énfasis en la población joven que fue definitiva hace cuatro años y no perder la esperanza.
Con ese salto, Petro y Cepeda se ubicaron en el lugar más cómodo de ser antípodas y críticos de la extrema incoherencia que llevó al otro candidato a pasar, sin darse cuenta, a la defensiva donde es más débil y más contradictorio.
Queda la sensación de que el exótico personaje se gastó en adhesiones y emociones lo que tenía para la segunda vuelta. Está ahora en manos de portadas, apuestas y maniobras digitales para enfrentar a Petro y Cepeda, que siguen cañando con constituyentes y con ponerse al frente en una campaña bicéfala, cuyos símbolos están por explotarse.