NOS QUEREMOS POCO. LO DEMUEStran los casos asociados a las cifras de vergüenza con las que comenzó el país este 2009.
Transcurridas las primeras 24 horas del año ya ocupábamos el primer lugar en muertes violentas en Latinoamérica. 54 colombianos perdieron la vida y 112 resultaron heridos en hechos violentos. Nuestro estigma.
En las primeras 72 horas ya se habían presentado otras once víctimas mortales en 22 accidentes de tránsito que también dejaron 27 heridos. En el trasfondo de los hechos había presencia de alcohol y exceso de velocidad.
Cerca de una docena de niños perecieron ahogados por imprudencia y descuido de los mayores. Y por toda la geografía nacional, las riñas fueron la expresión de bienvenida al nuevo año. En Bogotá, para no ir tan lejos, hubo más de siete mil, con otros tantos lesionados, en 2008; casi mil más que en 2007. Y estos días no ha sido distinto.
Lo peor de todo es que no se trata de hechos aislados o asociados a las festividades. Son la refrendación de esa impronta nacional que nos recuerda que aquí la vida no vale nada, sobre todo si es ajena, que la agresión es la forma recurrente de saldar diferencias y que la venganza, el desquite, la rabia y el odio son formas de relacionarnos con los demás.
Cada doce horas, en promedio, muere violentamente un menor. Cada treinta minutos un niño es víctima de abuso sexual. Cada 53 minutos una colombiana denuncia maltrato físico y otras tres lo callan. Cada semana una mujer es asesinada por su pareja o ex pareja. Cada día, según denunciaron varias ONG ante la ONU, siete colombianos pierden la vida por razones políticas. Cada ocho horas Medicina Legal logra identificar el cadáver de una víctima producto de la brutalidad del paramilitarismo.
Es obvio que hace falta más que buenos propósitos y que seguridad democrática. Está claro que la guerrilla no es el único enemigo. En esa tónica, al finalizar el año estaremos encabezando el Contador de la muerte, la obra de arte que en Londres cuenta los fallecimientos en el mundo, dos cada segundo; ritmo que aquí parece que estamos interesados en incrementar. ¡Qué vergüenza!