Avanza el año y nada está en claro. Ni las encuestas públicas o privadas, ni las correrías para incidir en esas encuestas, ni trinos o frases hechas para incluir en esas correrías han dinamizado el debate rumbo a la campaña presidencial.
Es como si la percepción ciudadana se hubiese congelado como la favorabilidad presidencial, que sube y baja dentro del margen de error. Todo está como en la primera barajada: con tres (pre)candidatos distanciados del resto, arrastrando mientras aparece quien sacuda la foto.
Ni el PMI (problema más importante de la agenda ciudadana), el TOM (top of mind o nombre de mayor recordación), el reach, el...
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