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Como para exportar

Mario Morales

06 de febrero de 2024 - 09:05 p. m.

¿Qué sería de nosotros sin esa dosis diaria de moralina, hipocresía y doble moral? Más que una adicción parecer ser el alimento que nos permite vivir con nuestras miserias verdaderas. Comenzando por esa decisión, pintoresca dirán algunos, de encerrar a los menores de edad a las 8 de la noche, como se le ocurrió a un alcalde cundinamarqués, en busca de notoriedad, suponemos, con una medida tan absurda como ineficiente, y como si los demonios no estuvieran a todas horas y en todos los lugares, especialmente en casa.

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Siguiendo con esa ya aburrida polémica por la reiterada sicaresca, presente antes que nada en la realidad nacional y luego en las pantallas, ahora continúa en Griselda. Es una serie efectista, mal hecha, con ese sabor latino descafeinado de Miami. Malinterpreta el ascenso social, el oportunismo, el feminismo, la violencia, la glorificación del narco y despacha, con una pretendida humanización, la historia un personaje que la ficción, y solo la ficción mal realizada, ha convertido en leyenda.

O la narrativa de la derecha, dizque escandalizada con el gobierno Petro, como si ella y los que de manera vergonzante pertenecen a ella no hubiesen sido los creadores y gestores de todas las mañas y trapisondas posibles, primero para impedir que Petro llegara a las instancias de poder, luego para impedirle ganar, después para impedirle gobernar, más tarde para que no se eternizara en el poder y ahora para que no termine su período.

O el relato de la izquierda, que repite los mismos errores de planeación y ejecución que tanto reclamó cuando era oposición.

O el reclamo por la institucionalidad de esa caricatura de fiscal que se autoproclamó su poseedor y ya se dispone a escribir sus memorias, porque eso fue todo lo que pudo hacer en medio del ridículo. Si no existiera, el título más apropiado sería “El hombre sin atributos”.

O el debate por la regulación de las redes sociales, como si el problema no estuviera en la mente y el corazón, pero sobre todo en la educación que mediante el ejemplo hemos recibido y transmitimos, como decía un viejo eslogan, de generación en degeneración y que queremos ocultar con la infalible moralina, ese otro producto de exportación.

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@marioemorales

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