Allá están las “indelicadezas” (ese odioso eufemismo clasista) de alcurnia: la presunta influencia de una ministra para que su hijo viaje sin cumplir requisitos del resto de los nadies, o supervisando el contrato de su esposo con el mismo Estado.
Acá, la suerte indigna de quienes buscan cupito en escuela pública, ruta escolar, comedor comunitario o bolsa de empleo para aprovechar ese gangazo de una hora menos de trabajo semanal, como si los horarios de salida funcionaran igual que los de entrada. Allá, están las salidas en falso de quien tiene a cargo la prosperidad social, no solo subsidios o míseras platicas, sino cumplir con la promesa de vivir sabroso que ilusionó a los más vulnerables.
Acá, entre mortales, están esas filas silenciosas e indignantes, cuyo polémico origen es lo menos importante, para un subsidio, una ayudita en esta precaria situación, esa sí grave, de la que todos quieren lucrarse material o simbólicamente. Allá, están las ventoleras entre quienes se prometieron amor del bueno y solidaridad y empatía, y el listado agotado de adjetivos, por un multimillonario contrato para el suministro y la formalización de pasaportes.
Acá, esa paranoia diaria de salir a la calle infestada de atracadores, sicarios, rebuscadores de lo ajeno y parrilleros criminales en motos que hacen lo que se les viene en gana, mientras las incapaces autoridades locales y nacionales se culpan mutuamente o a los ciudadanos, recomendándoles no lucir, no mostrar, no salir…
Allá, la pelea con tufo de repartija por los puestos señoriales de un Congreso incompetente y mañoso que habla de una nueva legislatura como si les hubiese cumplido a sus electores.
Acá, calles y vías cariadas, agrietadas, amenazando ruina en medio de proyectos interminables, que no pasan de eso, promesas sin certeza, sin fecha, sin presente para cuando se inauguren.
Allá, embajadores desdiciendo de su misión, quedándose hasta cuando imponen, a pesar de sus “indelicadezas”, o haciendo manifestaciones, que el sentido común reniega y contradice.
Y acá, ciudadanos politizados, ideologizados, emberracados, prometiéndose con el voto, con la elección venidera, que ahora sí esto tiene que cambiar. Como siempre… como nunca.