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El país de las maravillas

Del chiste al miedo

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Mario Morales
15 de junio de 2022 - 05:30 a. m.
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Parafraseando esa expresión de los orígenes nadaístas, en un principio Rodolfo Hernández se tomó a sí mismo como un chiste, pero luego lo tomaron como un chiste que se viralizó. Hoy tiene a una parte de ese medio país que dice que va a votar por él tratando de justificar ese exabrupto, y a la otra tratando de bajarse del burro por las orejas.

Eso explica en los sondeos más recientes el crecimiento de los porcentajes de la abstención, el voto en blanco, los indecisos y los vergonzantes que por la espiral del silencio del entorno cercano se ven presionados a decir que votarán por dicho personaje, que algunas veces funge como dummy y otras como caricatura.

No creo que, como se insiste, el issue o problema principal de campaña haya sido la corrupción; de haber sido así, Hernández, que encarna su contradicción, no existiría. Tampoco ha sido el modelo económico, tan parecido que inquieta. Ni siquiera lo social, porque disminuir la desigualdad forma parte del consenso general, salvo, claro está, el candidato de Uribe y Duque, perdido en la niebla de los libretos que le dictan y de su total ignorancia sobre asuntos de Estado.

Lo que se está jugando sigue siendo, como en estos últimos ocho años, exclusivamente la aceptación o negación de la figura de Petro y su perspectiva de izquierda. Por eso, para los obtusos de derecha, empalagados de sapos, desaires y frustraciones, hubiese sido igual en el tarjetón cualquier perico de los palotes.

Por eso no pareció importante algún tipo de propuesta diferenciadora del ingeniero. Daba igual. Pero su empaque publicitario le restó espontaneidad y lo metió en camisa de once varas, un día asociada al viejito primario y díscolo, otro día al típico traqueto, como en el desafortunado video de esta semana. Eso nos lleva a una vieja pregunta de la política gringa: ¿dejaría usted a sus hijos en manos de este personaje de cartoon que ya no produce risa?

Tal vez sea el momento de volver a citar esa frase del Libro de los Jueces que decía que en el país de los árboles buscaban un rey, pero no lo encontraban porque todos estaban ocupados cuidando sus frutos; hasta que apareció el cardo que no hacía nada y además tenía espinas y podía hacer daño. De la sonrisa a la mueca. Con razón el miedo.

@marioemorales y www.mariomorales.info

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