El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Desmemorias para el olvido

Mario Morales

13 de junio de 2023 - 09:00 p. m.

Lo acontecido el fin de semana, como casi todos, es muestra fehaciente de que al periodismo se le está escapando el mundo, como decía García Márquez. Y al decirlo, hay que remarcar excepciones, que las hubo, para no caer en generalizaciones.

PUBLICIDAD

La evidencia es esa historia maravillosa del hallazgo de cuatro niños indígenas, no suficientemente contada, o construida a retazos, con ese improvisado formato Frankenstein que se tomó las redacciones y que intenta narrar, sin lograrlo, sucesos a punta de reacciones, comentarios espontáneos, añadidos insulsos, posteos o especulaciones, una realidad que nos sobrepasa porque no pudimos asimilarla a través del lenguaje, relegado a la insistencia cansina de lo insólito del milagro repetido, al lugar común de construir héroes a diestra y siniestra, a versiones por falta de reportería y de salivar mientras se adjetiva y viceversa.

Al margen se intuía el sufrimiento sin nombre, tercer apellido de quienes habitan eso que llamamos territorio: desplazamiento forzado, maltrato familiar, insalubridad, soledad sin nombre y proverbial olvido estatal. Todo condensado en esa obsesión de nuestra realidad por construir relatos de no ficción.

Esa, y no la sectarización, el freno de mano a lo que huela a cambio, el odio visceral por los de abajo, la construcción de Petro como malo de la película, el micrófono fácil, la cámara gratuita, el testimonio manipulado o la foto maquillada para ideologizar a nombre de unos pocos… esa, decía, es la imagen genuina de lo que se rotula como la ‘Colombia profunda’.

Read more!

Esa y la del inadvertido paro en Chocó, los intríngulis de la tregua con el ELN, el destino aplastante de mineros ilegales, las repercusiones en el bolsillo del ciudadano de a pie de indicadores económicos que suenan como alarma cuando suben y que nadie explica cuando bajan, son historias que se dan silvestres que no se cuentan o que, plenas de significado, pierden sustancia en la mediación opinativa, prejuiciosa, cuando no perversa, de quienes insisten en llamarse reporteros, con tiempo completo frente al computador y horas extras de indignación en las redes sociales, protagonistas del encendido debate sobre un país que ya no está o ya no es.

@marioemorales

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.