El primer error del gobierno Petro en su pretendida paz total es haber creído y hecho creer que no tenía otras apuestas distintas al diálogo en las negociaciones. Inició la partida con las cartas abiertas.
El segundo fue no modular los tonos y palabras acordes con el desarrollo de conversaciones y preacuerdos. En su idea de diferenciarse de los gobiernos previos, Petro y su comisionado de Paz han abusado del lenguaje conciliatorio, propicio en etapas ulteriores. Olvidaron que están conversando con guerreros acostumbrados al trato firme, perentorio y dominante.
El tercero, abusar de las “anunciaciones” con ese aire triunfalista y soberbio sin haber obtenido nada a cambio. Los insurgentes les han dicho a todos los gobiernos, así no fuera cierto, que están dispuestos a negociar, pero obras son amores.
El cuarto, no haber evidenciado, desde el inicio, quién tiene más que perder, aparte de los obvios efectos en la población civil. ¿Ejércitos irregulares sin futuro o un gobierno dependiente de promesas de campaña?
El quinto, olvidar el garrote al lado de la zanahoria. No todo son concesiones que aumentan el apetito del adversario, como lo evidencia la carta del comisionado a las disidencias.
El séptimo, partir de lo territorial, es decir lo fragmentario, así se sepa que ningún grupo alzado en armas tenga mando ni control pleno sobre todas sus tropas; que a veces son aliadas, a veces rivales. Cada ejército insurgente debe responder por todas las acciones de las que dicen ser sus partes.
El octavo, depender de fechas y plazos frente a rebeldes que no tienen noción del tiempo y cuando la tienen, la utilizan como estrategia para dilatar, arrinconar o presionar.
El noveno, presionar con positivos para demostrar fortaleza, generar opinión favorable y ganar terreno si no fraguan las conversaciones.
Y décimo, insistir en la paz subjetiva con apellido presidencial y no como objetivo de nación, involucrada en la convicción y emoción.
Es momento de replantearlo todo: protocolos, reglas, condiciones, acciones, apoyos (ahora que está de visita la jefa del Comando Sur de EE. UU.), pero sobre todo hacerle saber a la insurgencia que, así como en la guerra, en los paz todos ponen.