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¿Doble moralismo o excesiva realidad?

Mario Morales

12 de febrero de 2025 - 12:05 a. m.

Ahora sí, todo claro. Solo faltaba ese poderoso dispositivo legitimador que es la televisión, porque ya el convergente melodrama de Palacio corría por todas las plataformas, pero más que al reality, asociado a neogéneros como el hiperrealismo o el que narra “el otro lado de la realidad”, como lo contó Tolstoi.

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Aunque, viendo lo que vivimos, deberíamos decir ‘neotelevisión’ en esta dispar sociedad de masas que desmiente la máxima de Elliot, vigente casi un siglo, de que los seres humanos no podemos soportar excesiva realidad.

Pues bien, viviendo lo que vemos, sí, eso somos: masas consumiendo melodramas donde somos protagonistas y espectadores a la vez que presas de iracundias, frustraciones, ascos y otras emociones. Decidimos en política como si estuviéramos frente al control remoto o a un cursor. Pronto no sabremos distinguir entre lo que vemos en pantallas y cómo nos vemos en esas pantallas. Un nuevo ecosistema donde eso que llamamos “política” ocurre en los medios y la realidad solo narra lo que hacemos con ese relato: desgañitarnos en peleas sin fin; tratar de interpretar lo evidente; o llevarlo al entretenimiento ante la incapacidad de ocupar otros roles en la trama.

Pierden el tiempo quienes quieren convencer de los vicios de los protagonistas o acerca de las virtudes de los antagonistas, o al revés. ¡Son tan parecidos! Las adhesiones han estado definidas a tono con las creencias y prejuicios de cada cual; solo hace falta alta exposición para suscitar identificación, sin mediación de valores. Doble moralistas que somos en el consumo mediático, hipócritas que nos delatamos cuando tenemos que decidir. En lo único que somos coherentes.

Decía Jesús Martín-Barbero, anticipándose, que el melodrama habla más de la realidad que vivimos que nuestros noticieros. Quizás el cambio tan anunciado sea ese: conocer, con pañuelo en mano, las entrañas del poder y seguir tragando sapos en cada temporada con el pretexto ilusorio de que somos apenas espectadores y que la realidad verdadera, repetida y maloliente se la viven otros por nosotros.

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@marioemorales

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