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El país de las maravillas

El año sin nombre

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Mario Morales
09 de diciembre de 2020 - 03:00 a. m.
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Con razón no fue fácil para el Diccionario de Oxford ni para instancias que suelen resumir en una palabra, una imagen o un personaje el año que se acaba, con la idea de registrar su impronta en la historia que se escribe.

Resulta osado, incluso, denominarlo el peor de los que se tenga noticia, no solo porque los contextos y datos a la mano con los que se construyen esas listas de otros años aciagos (para muchos, quizá no para todos) son insuficientes, desequilibrados y, en últimas, incomparables, sino porque hallaremos a los que defiendan este que se extingue como el año de la pausa o de las oportunidades, sobre todo si supieron aprovecharlas.

Habrá quienes argumenten que no es posible resumir un año que no fraguó y que esa indefinición, ese estado de procuración, de lo que pudo haber sido y no fue, sea razón suficiente para borrarlo de los calendarios y guardar esos primeros días vividos para cuadrar caja en el futuro… si hay futuro.

Necesitaremos, antes que nada, paciencia, porque para comprender este año advenedizo, comodín y disruptivo harán falta muchos más, si el virus pertinaz, la desinformación, los amaños ideológicos y los que escriben la historia lo permiten.

Quizá, con espíritu optimista, como pasa después de grandes desastres, tengamos que echar mano de inventarios para comenzar a tejer y construir sobre lo único seguro que nos queda: la esperanza, de la cual ya tenemos cuota inicial.

No de otra manera se explica que vaya a sobrevivir un país pobre cuya suerte siempre pende de otros, que está entre los últimos de la fila, que se debate entre la rapiña de la corrupción, el desgobierno, la inseguridad, la impunidad y los desastres naturales, y cuyos habitantes parecen hacer lo posible por eliminarse unos a otros física y simbólicamente.

Lo nuevo no son, por supuesto, nuestros males, sino la prueba reina de que parecemos indestructibles. Una sociedad imaginada a contramano; así lo demuestran absurdas reformas como la tributaria en medio de la pobreza y el desempleo. En el año sin nombre nos están llevando de la utopía a la distopía.

www.mariomorales.info y @marioemorales

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Libardo(10892)09 de diciembre de 2020 - 09:22 p. m.
Este año y las evidencias conocidas parecen corroborar que el pecado original es la estupidez: miremos el último botón de esa sotana: el agua, cotizará en bolsa, parece la cuota inicial de la guerra del agua. Y, nadie dice nada porque como este año es tan raro (Puerto Candelaria). Bien por el columnista y su alerta naranja, otra luz prendida al árbol de navidad de la desidia.
Julio(87145)09 de diciembre de 2020 - 05:16 p. m.
Lo que ha pasado este año señor Morales, nos reafirma que padecemos el presidente más bruto de la historia de esta republiqueta. Y eso ya es mucho decir.
Arturo(82083)09 de diciembre de 2020 - 04:11 p. m.
A riesgo de violar marcas registradas se podria pensar en bautizar 2020 como "el innombrable"
ERWIN(18151)09 de diciembre de 2020 - 01:01 p. m.
este año para el olvido .. y rezar para que los dos restantes del ñeñe duque pasen lo mas rapido posible y con el menor daño ...
Didier(12213)09 de diciembre de 2020 - 11:59 a. m.
Señor columnista a esa dantesca explicación agréguele la incapacidad de ciertos lectores de entender lo que se escribe. Basta leer lo que escribe Ospina en su artículo “Ya viene el otro”
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