Nada, ni cifras, imágenes o noticias de otras latitudes hicieron ver la semana pasada como otra de tantas en pandemia. Como si de pronto hubiésemos dejado de creer en el virus y sus nefastas consecuencias. Lo demuestran carreteras atestadas, turismo desaforado, baja en protocolos de bioseguridad y el telepresidente bronceado en Cartagena, pero también otras señales de que este país volvió a su vieja anormalidad, con incremento de todas las violencias y víctimas, la increíble repetición de medidas para impedir que se abarroten las UCI y, especialmente, la indolencia de este Gobierno alcabalero.
Contribuye a la incredulidad el...
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