Termina uno por envidiar al presidente Duque en estos tiempos tempestuosos. No se estresa, no se acelera, ni se despeina. No sufre por el paso de los días ni el incremento de las crisis, que se le dan a tutiplén sin que pierda compostura.
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No es amigo, hasta donde se sabe, de valerianas ni meditaciones extrañas, ni siquiera participó en rituales indígenas que tienen, como él, otra concepción del tiempo. Lo suyo es el carpe diem, consciente de que alcanzó el techo sin el camino labrado, por albures del destino.
Para él, unas horas pueden ser el tiempo de varias generaciones, como se deduce de sus vaticinios sobre la caída de Maduro, con todo y la implementación de su destartalado cerco diplomático. Paradójico prever que primero se irá Duque a una empresa tecnocrática de la tierra del nunca jamás antes de que el chavismo deje el poder.
Sus días son elásticos. Comienzan o terminan a voluntad, solo referenciados por ese canal del tiempo a la inversa que es su teleprograma, donde disfruta de su evidente complejo de Peter Pan manifiesto cuando se topa con guitarras, balones, micrófonos o cuatrimotos.
Sus plazos son extensibles sin importar el tono de su anuncio, por eso los cien días de reconstrucción de Providencia pueden tardar el tiempo de una vida, que se les escapa a los isleños desamparados por el paso elefantino de las ayudas.
Lo único que parece molestarlo es que le fijen fechas. De ahí su desdén, con el corifeo del minsalud, al equiparar un ambiguo febrero con todo el 2021, y quizás el resto de su mandato, para iniciar la vacunación contra el COVID-19.
Cuidadito con que alguien nos compare con Israel, que ya tiene vacunada la quinta parte de su población objetivo, o con el cronograma ya iniciado de los vecinos…
En la historia quedó la Hora Gaviria en un intento desesperado por ganarle la carrera al racionamiento. Duque quiere inmortalizarse, sin afugias ni afanes, con su propio calendario, lejos de las ataduras de los almanaques, así los tercos insistan en el conteo de contagiados y muertos por todas nuestras pandemias.