Que los tiempos para la insurgencia en nuestro país son diferentes al vértigo del acontecer lo demuestra la inopinada propuesta, por parte del ELN, de un acuerdo nacional para superar la crisis y el conflicto.
Una cosa era esta propuesta antes o en vez de la convocatoria forzada al paro armado a mediados del pasado diciembre y otra muy distinta, después de la intervención estadounidense en Venezuela.
Hace un mes primaba el tono desafiante de esa guerrilla en medio de la promesa incumplida de ataque a la dictadura venezolana, como justificación para sus acciones inanes, aunque dolorosas, rayanas en el absurdo. Acciones dizque para protestar frente al imperio, victimizando a la población colombiana más vulnerable que nada tiene que ver, aunque el propósito fuera tratar de defender los territorios que aún le quedan frente al avance de fuerzas adversarias como el Clan del Golfo o disidencias de las FARC.
Algo debió preocuparle a la cúpula después del contundente accionar de las fuerzas estadounidenses, incluyendo la posibilidad de haber utilizado armamento de alta tecnología que todavía no conocemos, pero sobre todo la amenaza de Trump de iniciar ataques terrestres, comenzando por México.
Si bien la estructura de la dictadura se mantiene, las presiones o los acuerdos a los que puede llegar con el Pentágono ponen en vilo la permanencia de parte de las fuerzas “elenas” con asiento y capital en Venezuela, y las obliga a improvisar ahora que tienen un nuevo enemigo, el más poderoso y letal de todos.
Eso, más que la intervención en la campaña electoral, explicaría la tal propuesta de acuerdo nacional, que más allá del cinismo frente a las oportunidades que han tenido en medio de la Paz total, está plagada de lugares comunes, propósitos manidos y un dejo de ingenuidad que la deja fuera de tiempo y lugar.
Ingenua, digo, porque en vez de avanzar en anuncios de tregua, imparcialidad en elecciones o regreso sin condiciones a las mesas de diálogo, se queda en lo único que sabe hacer: pedir (por las buenas o por las malas) a una sociedad y a una opinión pública que hace rato se cansó de darles y creerles.
@marioemorales y http://mariomorales.co