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El embrujo de los “malos”

Mario Morales

01 de diciembre de 2020 - 10:00 p. m.

Pasa en la ficción y pasa en la vida real. Muchas hipótesis tratan de explicar por qué como audiencias y ciudadanos nos gustan más los antagonistas y, cómo no, los “malos” de la película.

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¿Qué pesa más? ¿La magia del fútbol de Maradona o la admiración desmedida por esa demostración de poder al ponerse por encima de la ley y del qué dirán, sin importar consecuencias?

Desde Aristóteles y la incidencia de las emociones en la volubilidad de los juicios, se han explorado múltiples explicaciones, incluyendo la del tránsito del obediente camello al rebelde león, pasando por el niño para llegar al hombre capaz de superarse a sí mismo, por encima de ataduras morales, como planteara Nietzsche. O la del morbo que despierta Mr. Hyde frente al cándido Dr. Jekyll en el relato de Stevenson.

¿Tienen que ver la identificación de ciudadanos corrientes con el jugador destacado que fue el Diego, con el inveterado iconoclasta, y la intención de sublimar o satisfacer de forma vicaria, es decir, reivindicar a través de terceros las propias limitaciones?

Quizás haya, como reconocen connotados intelectuales argentinos, más de lo segundo que de lo primero. El camino del éxito como atajo o patente de corso para saltarse conductos regulares y normas con ese gesto de presunta superioridad del “medaunculismo”.

El sueño del hombre contemporáneo, sí, son la fortuna y la fama rápidas, pero para poder saltarse las reglas impunemente, al estilo de Michael Jackson, Diomedes, Trump y tantos políticos y funcionarios nuestros, envidiados no por sus obras o méritos, sino por su astucia para violar la ley recurrentemente y seguir contando con el fervor y el voto de la masa frustrada que sueña, a través de ellos, con hacer lo que les venga en gana.

Quizá tenga razón Jeff Bezos, dueño de Amazon: la vida es un asunto de dones y decisiones. Algunos tienen mucho de lo primero y lo despilfarran con lo segundo; otros, la mayoría, se sienten representados hasta el delirio con esa vieja enseña nacional que sintetizó Darío Echandía: ¿el poder para qué?… Para poder, así sea en cuerpo ajeno.

www.mariomorales.info y @marioemorales

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