Como pago de deudas atrasadas con los taxistas, como chispoteada o producto del desocupe y falta de ideas, para “sonar” —él, que ha sido tan gris— o como intervención en política local…, de muchas maneras se puede interpretar la salida en falso del mintransporte al anunciar el incremento del pico y placa para transporte privado, a pesar de que no es una propuesta viable, seria ni coherente.
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Solo enunciarla ya es contraproducente en época electoral, cuando se descarrilarían miles de voticos por una declaración tan circunstancial como improvisada. Que sea el Gobierno del cambio el que proponga una medida discriminatoria, elitista y antipática, con los mismos argumentos de la derecha exclusivista peñalosista, es preocupante, pero que no añada componentes creativos que lleven al debate su eventual efectividad es, sobre todo, indignante. Tanto como que la absurda idea surja tas reunirse con taxistas, gremio que ha usado el bloqueo chantajista para salirse con la suya, amén de censurables comportamientos en las vías.
Esa intromisión debe tener trinando de ira a gobernantes locales, como la de Bogotá —que dejó ver toda su incapacidad para alivianar el caos del tráfico capitalino—, en asuntos que son, como debe ser, discrecionales de esas administraciones. Esto, así ninguna de ellas haya encontrado solución distinta a prohibir y castigar a los millones de ciudadanos que se ganan la vida con su vehículo, se protegen contra la atorrante inseguridad o sobrellevan su cotidianidad con un transporte público inhumano y deteriorado, y, lo peor de todo, sin esperanza, porque en este período ya no fue...
Tal vez regañado, a pesar de que sigue la estela de los problemas de comunicación del resto de gabinete, quiso matizar su descache con otras propuestas tan intempestivas como poco creativas, como la de transportar carga por vía férrea.
Es cierto que, por fin, los ciudadanos supieron que había ministro de Transporte, porque había pasado tan desapercibido como en el IDU; pero algo va de pasar del anonimato al desprestigio. No solo no se monta en el tren del cambio, sino que pavimenta la autopista de candidaturas regionales de oposición. En contravía.