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Entierro de tercera

Mario Morales

08 de junio de 2022 - 12:30 a. m.

Nadie con tanta experticia para decepcionar como los que dicen representar el centro político. Esa es su especialidad. No obstante que, de dientes para afuera, la mayoría del autodenominado país político, que puede representar todo o nada, dice converger hacia el fiel de la balanza, sus mal llamados líderes hoy no existen, nunca fueron, no saben o no responden.

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Comenzando por el mismo Fajardo, que tuvo todas las opciones y las dilapidó por falta de cancha, exceso de confianza, carencia de liderazgo, escasez de astucia y sentido del timing, tan necesario en política como en la vida.

Ese estado de somnolencia permanente, mal justificado en la reflexión, cuando había que tener los ojos bien abiertos, impidió al candidato y sus asesores leer los tiempos, modos y circunstancias. Igual que en la mala táctica futbolera o financiera, siempre en fuera de lugar o en el lugar equivocado, como si no le gustara el proceso y solo esperara el resultado caído del cielo. Cómo olvidarlo angustiado, en debate televisivo reciente, porque se estaba alargando, justo él, que necesita más tiempo que el promedio para redondear una idea.

No emocionó, no conectó y no inspiró: los tres verbos que se conjugan en la docencia y se multiplican en la vida pública. Su indecisión se confundió con sustracción de interés y pasión. El resultado: no persuadió y no convenció, para terminar despreciado incluso por sus antagonistas, que entendieron que su influencia tiende a cero. Las buenas intenciones no bastan si no hay idoneidad y sentido de orientación.

Por eso la desbandada en una coalición que nació sin esperanza. De la mano de los Galán, el mal llamado “Nuevo” Liberalismo terminó de hundir un legado y un símbolo, por oportunismo y afán de prevalecer. No se lo merecen. Y luego están los politiqueros que han comenzado a quitarse el verde o a pintarse con el desteñido color del uribismo que solo sobrevive por puestos o contratos.

Del centro, como en Las acacias de Garzón y Collazos, se puede decir que ya no vive nadie en él, que murieron la alegría y la ilusión de aquella idea. Se van todos, unos “vivos” y otros que tenían muerta el alma.

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www.mariomorales.info y @marioemorales

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