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El país de las maravillas

Entre el culto al pasado y el futurismo

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Mario Morales
10 de julio de 2024 - 05:05 a. m.
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Interpretamos la realidad de manera anormal o, por lo menos, a destiempo. De allí se derivan algunas de nuestras esquizofrenias que oscilan entre el excesivo culto al pasado hasta el extremo de la hipertimesia, y la utopía de los sueños de futuro que nos han desrealizado o despersonalizado, porque siempre nos queda faltando presente.

Eso explica por qué, cuando se habló de reforma, el obsoleto sistema de salud llegó a venderse como el mejor del mundo. Aferrados al ‘todo tiempo pasado fue mejor’, nos creíamos adelantados a la época y ejemplo orbital.

Algo similar está pasando con la Constitución del 91 que, puntera y pertinente en ese momento, nos actualizó parcialmente para los retos de finales de siglo pasado, pero quedó en deuda con las demandas sociales de disminución de las desigualdades, las salidas a nuestras matrices de violencia y el tatequieto a los vicios politiqueros de la clase dirigente que hoy la enarbola como insuperable para no perder las prebendas e influencias que han corrompido el poder político.

Pero una o más constituyentes no nos pondrán en el país de las maravillas, por mucho que se esfuercen sus defensores que, a juzgar por su pasado, no representan precisamente el ejemplo de cambio. Mucho ayudarían políticos y constitucionalistas si aportan ideas y soluciones, sin pensar en una nueva constitución para el próximo siglo, sino en lo que hay que hacer para actualizar, interpretar, quitar o añadir a esta que se mantiene sobrevendida, en la idea de que seamos ese otro país que nos vienen prometiendo desde hace dos siglos las nueve constituciones, todas ellas atadas a su contexto, pero hoy abiertamente imperfectas.

En cambio, con la constituyente, el hábil Petro guía la agenda de campaña para que no gire en torno a pendientes de su administración: paz y lucha contra la corrupción, que marcaron las elecciones pasadas. Reiterar la urgencia de una nueva constitución desgasta a los opositores, que parecen cada vez menos, más calmados o más repetitivos, y empaquetarla para más adelante, afincada en un acuerdo nacional, tiende un puente entre esta administración y una afín que lo suceda y le dé continuidad. Presente puro.

@marioemorales

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Juan(82042)11 de julio de 2024 - 01:03 a. m.
Pero dónde está el proxeneta de Atenas, se dilsperso? Ese gran sadico.
Juan(82042)11 de julio de 2024 - 01:02 a. m.
No es cierto, se le olvida, q su gran prensa no permite nada.
Lismario(26872)10 de julio de 2024 - 09:49 p. m.
La derecha hábilmente fue transformando la constitución del 91 hasta quitarle los avances que se necesitaban, y quedó una colcha de retazos ; por eso hay hacer las reformas así no sea en este gobierno; una de ellas son las regiones que se deben reglamentar.
orlando(94712)10 de julio de 2024 - 07:48 p. m.
Tengo pendiente mi comentario...Orlando
orlando(94712)10 de julio de 2024 - 07:42 p. m.
La Constitución del 91 perdió su esencia y espíritu, cuando durante gobiernos retardatarios le echaron tijera, por ejemplo, con el Acto Legislativo 01 de 2005, que acabó con los regímenes especiales, las convenciones colectivas y la mesada 14. Lo que se debe impulsar esa una reforma que le devuelva al pueblo los derechos laborales arrebatados...Es un acto de justicia social...Lo demás es retórica barata en contra del Acuerdo Nacional y una posterior Asamblea Constituyente...A qué le tienen temor
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