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Al gobierno nacional le falta forma y estilo, y al distrital, fondo. Los dos, a su manera, contribuyen al desconcierto. Si se nota más en un caso es porque al primero le falta buena prensa; al segundo, le sobra.
Pero está claro que la ambientación y la presentación de las propuestas de reformas que son vertebrales a esta legislatura no han sido las adecuadas. Comenzando por la forma en que radicó el Ministerio de Salud su cacareado proyecto para afrontar una crisis vieja y maquillada, pero que amenaza con venirse en cascada. Tal vez traumatizada por el efecto tijera, producto de la socialización pasada, participación y retroalimentación con los sectores interesados, la cartera optó por hacerlo de manera tan discrecional que pareció a hurtadillas. Se entiende que se quieran blindar de tantos intereses privados encarnados en congresistas disfrazados de vigilantes de derechos, legalidad y servicio público, pero la animadversión causada desde el inicio traba el trámite legislativo y oscurece el debate público.
Tampoco ha sido convincente el proyecto de ley de financiamiento, no solo por pertinencia, en tanto que los tributantes aún no terminan de asimilar el efecto de la reciente reforma, sino que, además, parece improvisado para tapar el hueco de desfinanciación del presupuesto para 2025 luego del despilfarro y falta de claridad de las finanzas en el gobierno derrochón de Duque.
Si no hay pedagogía y argumentación amplias y suficientes, y a eso deberían estar dirigidas las alocuciones, discursos e hilos en redes sociales del presidente y sus ministros, de poco o nada servirán las marchas y movilizaciones de apoyo.
Esa perspectiva de incertidumbre en el futuro cercano se ve agravada con la inacción del alcalde de Bogotá frente al preocupante reto del agua y servicios públicos. El solo castigo ciudadano por el uso del líquido palidece ante la ausencia de una política pública de fondo que tenga en cuenta la equitativa distribución, nuevas construcciones residenciales y necesidad de nuevas fuentes.
¿Cómo soñar en esta ciudad y en este país inundados de restricciones, nuevos impuestos y virus de reformitis que hablan de futuros inasibles, pero sin soluciones que hagan el presente más llevadero? Ya fue suficiente de conminar al ciudadano como solo Paganini de los platos rotos de sus gobernantes faltos de tacto o de ideas.
