Tiene razón Juan Fernando Petro, el hermano del presidente, cuando dice que a la izquierda le faltaba experiencia para estar en el poder y que eso explicaba la rapiña intestina. Le faltó decir que también carecía de experiencia frente a los medios y la esfera pública, de ahí la verborrea en busca de notoriedad.
En esos dos ámbitos, la inexperiencia y el deslumbramiento, se han cocinado los principales escándalos que hoy tienen al presidente y al gobierno dando explicaciones; al periodismo vampiresco dando por sentadas percepciones, prejuicios o versiones; y a los ciudadanos, desconcertados por cada giro rocambolesco del multirrelato de la primera administración de izquierda en el país, para lo cual, parece que nadie estaba preparado.
No se sabe qué extraña emoción mueve a funcionarios, amigos y familiares del presidente para querer ser portada, titular o comidilla de los medios o del chismorreo ciudadano, así al final de las entrevistas hayan perdido hasta la dignidad y caigan en el desprestigio.
Todo parece ser tan nuevo para ellos que ignoran o pretenden ignorar que todo lo que digan tiene efectos, habitualmente negativos, y spin off o secuelas que el activismo amarillista aprovecha sin misericordia. Y lo peor es que ni siquiera miran espejos recientes.
Claro, frente a la profusión de especies absurdas, que tocan todos los pecados capitales, para explicar las ausencias presidenciales resulta casi benéfico hablar de síndromes, como el de Asperger, así sin más, con la sola referencia a una opinión de un sicólogo de colegio. Si no fuera por el galimatías en la patraseada del hermano de Petro, alguien podría pensar en una estrategia velada. Pero es tanto el candor, rayano en la estulticia, que nadie entiende esa innecesaria “mojada de prensa”.
Si fuese cierto que a Cielo Rusinque la bajaron del bus de la jefatura de gabinete por imprudente, y no por la mentada rapiña intestina, el presidente tendría que comenzar a destituir y desnombrar a buena parte de funcionarios por boquisueltos. Además, a deshacer, si pudiera, vínculos familiares que demuestran no solo que nunca pensaron estar donde están, sino que pasado un año siguen pareciendo exploradores que se encontraron una guaca.