Publicidad

El país de las maravillas

Este honorable país pintado

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Mario Morales
17 de noviembre de 2021 - 05:30 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Habría que ensayar otra mirada. De pronto nos tienen guardada una sorpresita, otra de tantas jugaditas. Partiendo del consenso de que no es posible reunir tanta ineptitud, tanta altanería y tantos desaciertos al frente de los destinos de este país, cabría imaginarse si debajo de todo ese ropaje de ruindad está avanzando una estrategia inspirada en aquella que parecía cine de la mano de Sergio Cabrera hace casi tres décadas.

Estrategia que, por lo menos, tiene la táctica evidente de demoler aquello que conocimos como institucionalidad, a través, por ejemplo, del mensaje presidencial de desacato a las decisiones de la justicia, como en el caso de la modificación a la Ley de Garantías. O el mensaje de saltarse el pago de impuestos con la cuota inicial de los tres días sin IVA, mientras se fragua otra —sí, otra— reforma tributaria. O el mensaje de sálvese quien pueda con la apertura total, cuando inicia otro pico de la pandemia y la meta de vacunación está lejísimos, por más maromas que le den al lenguaje que comunica los exiguos avances.

O el mensaje contradictorio y de superioridad moral al nombrar a Carlos Bernal en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como lo documentó el editorial de este diario. O con los mensajes repetidos de otros nombramientos de personas sin méritos conocidos, más allá de la amistad personal con el presidente o su círculo íntimo.

O con el mensaje de demora, como hemos repetido hasta el cansancio, en la implementación del Acuerdo de Paz y las curules para las víctimas. O el mensaje de inacción de funcionarios que tienen al archipiélago de San Andrés casi tan mal como hace un año.

Todo eso junto no puede ser fruto de la casualidad. Antagonistas así, sin grises y llevados al extremo, no se dan sino en la ficción con el fin de emocionar.

A menos que estén construyendo otro país mientras nos pintan en la cara este que conocimos, y que, a hurtadillas, se estén llevando la legalidad, la decencia y la probidad para allá, de las que disfrutarán los que sobrevivan a este desmadre sin par. Creerán con Brecht que la verdad no se le debe decir a todo el mundo.

@marioemorales y www.mariomorales.info

Conoce más

Temas recomendados:

 

boris(56941)18 de noviembre de 2021 - 01:07 a. m.
Felicitaciones, excelente columna.
Alberto(3788)17 de noviembre de 2021 - 11:55 p. m.
Muy buena.
Arturo(82083)17 de noviembre de 2021 - 10:48 p. m.
Debio aclarar si se referia a Berthold-Brecht o a Ode-Brecht, aunque ambos estan de acuerdo en que "la verdad no se le debe decir a todo el mundo"
Felipe(94028)17 de noviembre de 2021 - 09:47 p. m.
No se puede culpar a nadie por este caos más que al pueblo que ha votado y al que no lo hace, porque la mayoría no vota y luego se queja, prefiere quedarse en la tienda chupando polas. Es el 48,8 % del censo el que votó en legislativas y le dio el 74% de curules a la derechona de siempre, con sus varios nombres.
PEDRO(90741)17 de noviembre de 2021 - 09:32 p. m.
Cuenta regresiva: faltan 263 días para que termine este cínico gobierno. Y está en usted evitar que se repita, dudando de todas las promesas con las que los politiqueros de siempre nos inundaran por diferentes medios.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.