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Habría que ensayar otra mirada. De pronto nos tienen guardada una sorpresita, otra de tantas jugaditas. Partiendo del consenso de que no es posible reunir tanta ineptitud, tanta altanería y tantos desaciertos al frente de los destinos de este país, cabría imaginarse si debajo de todo ese ropaje de ruindad está avanzando una estrategia inspirada en aquella que parecía cine de la mano de Sergio Cabrera hace casi tres décadas.
Estrategia que, por lo menos, tiene la táctica evidente de demoler aquello que conocimos como institucionalidad, a través, por ejemplo, del mensaje presidencial de desacato a las decisiones de la justicia, como en el caso de la modificación a la Ley de Garantías. O el mensaje de saltarse el pago de impuestos con la cuota inicial de los tres días sin IVA, mientras se fragua otra —sí, otra— reforma tributaria. O el mensaje de sálvese quien pueda con la apertura total, cuando inicia otro pico de la pandemia y la meta de vacunación está lejísimos, por más maromas que le den al lenguaje que comunica los exiguos avances.
O el mensaje contradictorio y de superioridad moral al nombrar a Carlos Bernal en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como lo documentó el editorial de este diario. O con los mensajes repetidos de otros nombramientos de personas sin méritos conocidos, más allá de la amistad personal con el presidente o su círculo íntimo.
O con el mensaje de demora, como hemos repetido hasta el cansancio, en la implementación del Acuerdo de Paz y las curules para las víctimas. O el mensaje de inacción de funcionarios que tienen al archipiélago de San Andrés casi tan mal como hace un año.
Todo eso junto no puede ser fruto de la casualidad. Antagonistas así, sin grises y llevados al extremo, no se dan sino en la ficción con el fin de emocionar.
A menos que estén construyendo otro país mientras nos pintan en la cara este que conocimos, y que, a hurtadillas, se estén llevando la legalidad, la decencia y la probidad para allá, de las que disfrutarán los que sobrevivan a este desmadre sin par. Creerán con Brecht que la verdad no se le debe decir a todo el mundo.
@marioemorales y www.mariomorales.info
