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Ganaron, o mejor, perdieron las expectativas

Mario Morales

11 de marzo de 2026 - 12:05 a. m.

Fueron más las expectativas, como ha pasado casi siempre, pero el dinosaurio sigue ahí. Por eso, las elecciones que acaban de pasar no representan para el pobre ciudadano ni albricias ni semillas de esperanza. Cambiar el monstruo de siete cabezas requerirá muchos más esfuerzos que quizás estas generaciones no conocerán, a pesar de los premios de consolación.

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Corremos el riesgo, mientras tanto, de confundir maquinarias con instituciones. Reglas con transparencia. Clanes instalados y prácticas corruptas, con dinámicas políticas que son, como se llegó a decir, incluso necesarias.

Salvo contadas excepciones, perdió el voto opinión. O ¿Cómo explicar que algunos de los candidatos más votados pertenezcan a “partidos” que no se movieron ni se expresaron y nadie conoció hasta su elección?

Hubo otros perdedores, simbólicos y contradictorios, como la altisonancia, la incoherencia, la criticadera como discurso, la soberbia como expresión, el mal aliento de la “farsándula”, la fiebre con tos del seudo activismo, el show como única táctica, la sapería, el oportunismo, la traición, las volteretas, la insensatez… algo es algo.

Quedan enredados en su laberinto fenómenos políticos por discontinuidad. Imposible ver a Oviedo como moderado, con su deuda histórica con la derecha. Puso insalvables porque ser fórmula vicepresidencial es un imposible para el clientelismo que lo requiere. La paz no es asunto seductor en campaña.

Quedan náufragos los que, de toda tendencia, casi alcanzan, en busca del mejor postor. Querrán vender caro su fracaso.

Y solo queda centro como comodín. Primero por la victoria pírrica de Claudia y segundo porque no queda Sergio para ese reto. Sin partidos ni idearios, esa parte del espectro queda a su suerte, sujeta a los devaneos seductores de Paloma a pesar de su tufillo indisociable a país viejo, a herencias sucesivas de hace 50, de hace 20, de hace ocho años; y a los malabares de su rival.

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Allá, a la derecha, queda planteada la batalla a campo abierto, sin árbitro y vale todo, con la mampara de las encuestas y de los vices. Para entonces, tal vez sea tarde para otras expectativas; ya están demasiado jugados.

@marioemorales y http://mariomorales.co

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