DESCONCERTADOS, POR DECIR LO menos, deben andar los “beneficiados” del programa Agro, Ingreso Seguro. De ser amigos, leales y “legales” del presidente Uribe y, en muchos casos, de su reelección, pasaron en una semana a ser “tramposos y mañosos” a juzgar por las declaraciones del saliente Minagricultura y del Primer Mandatario.
Están aprendiendo que las lealtades en política duran lo que un subsidio y que el precio de los favores es ser ‘carne para los leones’ mientras dure el escándalo. Luego podrán disfrutar de la ‘ayudita’ y quizás resarcir su nombre.
Les sirven como ejemplo los militares a los que se les pidió la baja, incluidos generales, por presunta responsabilidad en los “falsos positivos” que dejaron por lo menos 30 víctimas, según la Procuraduría. O los funcionarios del DAS por las chuzadas ilegales. Y más recientemente, Andrés Felipe Arias que hace una semana sufrió la misma suerte al ser “entregado” al escarnio mediático y político por su propio jefe y amigo con tal de salvar su responsabilidad, que la tiene, y su sacrosanta imagen.
Para desagraviarlo, el Presidente lo invitó a su Consejo Comunal 252, sobre corrupción, en el que todos tuvieron dos minutitos, mientras el “ofendido” ex ministro tuvo quince para defenderse. Con sobrada razón el candidato Rafael Pardo calificó la patraña como un abuso de poder.
El citado consejo no pasó de ser un show mediático, o “una acción de opinión”, según el mismo Uribe, construido sobre tres reglas básicas de propaganda: la de simpatía (los argumentos no se combaten con lógicas o razones), la de la transposición (echarle la culpa a otros, ojalá desconocidos) y la de evidencia (si nosotros denunciamos la corrupción es porque no somos corruptos).
La eficiencia del modelo y el impacto del medio salvarán la imagen de Uribe, extenderá la agonía de Uribito y le costará el puesto a Fernández, el alimento en bajo para la leonera, que ahora se pregunta a cambio de qué el conpes de las pensiones prematuras para concejales y pastores cristianos.
Tiene razón Valencia Cossio; para dedicarse a la política (desplazada por la propaganda) o para vivir de ella se necesita piel de gurre.