No entendemos por culpa de los axiomas. La política cambió, repetimos. Pero, ¿cambió, como creímos con el cuarto de hora de las encuestas, los cacareados y altisonantes debates y las nunca bien ponderadas entrevistas en las que se reparten indulgencias o centellas según preferencias?, ¿o seguimos siendo, como parece, ese país desueto que se juega el voto de carne y hueso en las plazas, las banderas que generan comunidad y las ideas que nos hacen sentir fuertes?
Tal vez no sea necesario mencionar que desinformación y lenguajes de odio siempre han existido a pesar de la sobrevaloración de la prensa partidista en los libros de historia, como también la presión en la idolatría de las ideologías por encima de la vida misma. Sigue la lucha por los relatos heroicos como la superación en medio de pobreza o violencias, la supuesta idea clara de las élites sobre el rumbo del país o la evocación de un pasado inexistente, construido en medio de senilidad y mitomanía de quienes, como Uribe Vélez, se atreven a negar los falsos positivos.
Y continúan los ejes argumentales que han teñido de rojo sangre esos relatos como la mentira, engaños, amenazas o la pretendida épica construida sobre cadáveres aún sin enfriar de políticos no valorados en vida y elevados, en medio del heredado culto a la muerte, al pedestal de próceres, sin mayores atributos.
Y obviamente los rediles uncidos por caciques o gamonales, por subsidios o bonos, o por la convincente contraprestación material que ayuda a lidiar con la dureza de las calles, reino de la escasez y las limitaciones.
Hasta ahí todo igual en más de un siglo. ¿Qué hay de nuevo?, ¿acaso los “todopoderosos” algoritmos, que aquí en siete meses han demostrado su ineficiencia?, ¿las ridículas entrevistas copiadas con Wetscol?, ¿la injerencia argentina o guatemalteca?
¿Será que los electores tampoco han cambiado, como creímos, porque no los conocemos, como quizás no los conocimos nunca, salvo en algunas coyunturas?, ¿o acaso seguimos creyendo que estamos ante una población ignorante, que no sabe decidir y que nos enrostra a cada rato que tampoco hemos podido cambiar?