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La naturaleza no es la culpable

Mario Morales

12 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.

Tendríamos que comenzar por aprender que la naturaleza no se ensaña contra los más vulnerables, como se repite estos días en nuestro continente, y en nuestra patria esta semana. Es un comprimido cultural que ha servido históricamente para limpiar de responsabilidad al poder y a quienes lo detentan.

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Tiene razón Naciones Unidas para Reducción de del Riesgo de Desastres en su –esa sí– batalla cultural, al insistir en que los tales desastres no son naturales y que son el efecto de malas decisiones humanas, mal uso del poder y, principalmente, de sus omisiones. Por eso siempre golpean a los más débiles con una injusticia descomunal que queda oculta en los barnices del fatalismo, las imprevisibilidades, los castigos o la mala suerte.

Detrás o, mejor dicho, debajo quedan aplastados los indicios de corrupción, incapacidad, improvisación y segregación de quienes tomaron, prohijaron o no impidieron las decisiones que llevaron a una zona, municipio o construcción hasta el punto de la tragedia, así como las acertadas lo impidieron a pesar de fenómenos como los sismos.

La que sí es inevitable es la responsabilidad de gobiernos nacionales, regionales o locales, así como de empresas y agentes intervinientes en esas zonas por lo que hicieron y dejaron de hacer. Los sismos pudieran ser insoslayables pero sus consecuencias trágicas son mitigables, como sucede en buena parte de los países del primer mundo con sismo resistencia, pedagogía, sistema de alertas tempranas en zonas vulnerables y múltiples formas de prevención. O acciones más decisivas como evitar el fracking, la construcción de grandes embalses y minería a gran escala, entre otras.

Lo mismo podríamos decir de inundaciones o sequías como la que se avecina. Dejar todo en manos del azar, esquilmar criminalmente los recursos o esperar soluciones por la vía de atención de emergencias cuando ya sucedieron, solidaridades, miserabilismos y limosnas como presuntos símbolos de unión nacional es extender la inopia cultural y condenar a las próximas generaciones a seguir naturalizando los desastres confundiéndolos con sus efectos, mientras el poder, con esa “sismorresistencia”, sigue ahí, impune, lavándose las manos. @marioemorales y http://mariomorales.co

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