Cambio hubo. Pequeño, pero hubo. Así corresponde a grandes remezones en sistemas políticos anquilosados como el nuestro, que descansa, como la naturaleza, en cuatro fuerzas y una emergente que, como en la ciencia, apenas estamos descubriendo.
Subsiste, tercamente, la fuerza de la gravedad de los partidos tradicionales que, igual que las brujas, nadie sabe cómo son, pero se manifiestan con sus aquelarres oportunistas en fechas específicas para seguir vigentes con fines poco claros, como no sean la clientela y la repartija del Estado.
Se dejó sentir el electromagnetismo, latente o evidente con tormentas sorpresivas, del populismo que...
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