Yo no sé si de reconciliación —ojalá así fuera—, pero que sea tiempo de renovación lo piden a gritos las juventudes en las calles, los ciudadanos en las redes y los colombianos en las novenas, como la gracia de la cual necesitamos tanto.
Por eso resulta pertinente hacerle eco a la misiva abierta del expresidente Santos a Uribe, su antecesor, en la idea de dejar de ventilar sus grotescas, inapropiadas e insulsas peleas que solo han contribuido a contaminar la opinión pública y esta época preelectoral.
Son vulgares querellas, demandas e injurias particulares, revestidas con ropaje jurídico, que no tienen otra misión que saciar la sed...
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