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Perdimos. Con la intervención militar estadounidense fracasamos todos. De un solo manotazo se fue al piso la idea de civilización que habíamos cultivado como especie, especialmente la de los pueblos pobres de América Latina. En su lugar, hoy se erige como norte y como método la barbarie en su más cruda representación, la peor de todas, la que no tiene límites, frenos ni prevenciones, ni siquiera del lenguaje, la diplomacia o las instancias que alguna vez prometían mediar en los conflictos y que ahora forman parte de la hojarasca que acompaña su desaparición.
Quizás haya sido mejor así, de manera chapucera, sin falsas retóricas, sin hipocresía en los relatos de poder más interesados en esconder que en mostrar, a ver si de una vez entendemos de qué estamos hechos, como en las increíbles manifestaciones de apoyo a esta implosión de la raza humana. ¡Celebramos nuestra desaparición!
“La desilusión –decía Walter Lippman hace seis décadas– es que todas las guerras que luchamos son para acabar la guerra”. La frustración es que todas las guerras de hoy son para mantener la misma guerra, el patrón de comportamiento que nos expone como animales salvajes, si somos, como parece, capaces de aceptarla y hasta celebrarla.
Tal vez parezca excesivo el precio de este colapso de la civilización por la captura de una pareja caricaturesca de dictadores plataneros, por unos miles más de barriles de petróleo o por satisfacer vanidades enfermizas de quienes están ebrios de poder, pero si aceptamos este suicidio cultural, va a ser difícil volver a hablar de tratados, convenios y organismos multilaterales, si no es como parte de la farsa.
Pobre Venezuela y pobre América Latina, las mismas de siglo XIX que describió Rómulo Gallegos, escritor y presidente depuesto en medio de las mismas ambiciones que hoy afloran; en las que los pueblos, en cuyo nombre se comenten tantos crímenes, no aparecen más que como pretexto o complemento indirecto. Debe haberse incrementado el canto de los chaures, esa suerte de lechuza en las llanuras venezolanas que anuncia cuando algo va morir. Morimos un poco todos.
@marioemorales y http://mariomorales.co
