No es gratuito que no nos gusten la televisión y las redes sociales, así vivamos pegados a ellas. El problema no son las plataformas ni los cacharros. No nos gusta cómo somos, no nos gusta lo que somos. Por eso denostamos de la televisión y amamos los filtros en las imágenes.
No nos gusta, por ejemplo, saber que somos un país de pobres y, para colmo, endeudados. Nos sentimos, queremos sentirnos, pudientes. Nos delata la opinadera insulsa en redes sobre asuntos como el incremento del salario mínimo para ponernos, de entrada, de parte de los empresarios. Y decimos que el incremento fue exagerado, así la diferencia fuera de unas...
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