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¡Ni más faltaba!

Mario Morales

02 de enero de 2024 - 09:05 p. m.

No es gratuito que no nos gusten la televisión y las redes sociales, así vivamos pegados a ellas. El problema no son las plataformas ni los cacharros. No nos gusta cómo somos, no nos gusta lo que somos. Por eso denostamos de la televisión y amamos los filtros en las imágenes.

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No nos gusta, por ejemplo, saber que somos un país de pobres y, para colmo, endeudados. Nos sentimos, queremos sentirnos, pudientes. Nos delata la opinadera insulsa en redes sobre asuntos como el incremento del salario mínimo para ponernos, de entrada, de parte de los empresarios. Y decimos que el incremento fue exagerado, así la diferencia fuera de unas décimas. Y repetimos los argumentos politizados de los directivos gremiales, a una pizca de dejar de ser advertencia para semejar amenaza. Y les hacemos las cuentas y les enumeramos las cargas, coreando ¡pobrecitos ellos!, que somos nosotros idealizados.

No es sino ver la reacción más que clasista, arribista, ante las denuncias de la mintrabajo por maltratos laborales en algunas empresas. Sin una prueba entramos al terreno de la negación, del descarte de los tales abusos, porque sí, porque es imposible, porque no puede ser, como si se nos hubiera agotado la tan pregonada empatía con quienes son asalariados como nosotros, para revertirla en los empresarios que nos sentimos todos, así no sepamos cómo vamos a mercar este mes.

O el alborozo como fue recibida la tanda de blanquitos, ojiclaritos, tecnócratas y consentidos sociales que llegaron con increíbles hojas de vida, pero, como todos, a aprender en la Alcaldía de Bogotá, y la odiosa comparación que hicieron en redes con la diversidad racial o social de los funcionarios del Gobierno central. Esa percepción permite que a los primeros, incluido el flamante alcalde, se les perdone que hayan llegado diciendo, descaradamente, que para tener soluciones primero tienen que ponerse a estudiar y que necesitan tiempo y paciencia. ¡No que estaban tan preparados!

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Sería bueno que entre tantas reformas que se prometen este año incluyeran alguna intervención a esa doble moral, a ese carácter dismórfico y a esa tara de no querer vernos como somos en el espejo y que hace que nos imaginemos que todos somos galanes o duques. Ni más faltaba.

@marioemorales

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