No supimos en qué momento llegamos a caber tantos en tan poco espacio. Sin darnos cuenta, resultamos todos tan parecidos, tan uniformes, tan igualitos que no se entiende cómo es que nos definimos como multiétnicos y pluriculturales.
No es sino que se anuncie o se produzca un cambio para que, sin que nadie nos pregunte, terminemos alineados con las personas más capaces, inteligentes y de mejor clase que los demás, como lo define ese sesgo cognitivo del efecto Dunning-Kruger.
Tal vez no haya que tipificar nuestra “raza” si ante las apariciones y modos de decir de la vicepresidenta Francia Márquez todos nos sentimos tan blanquitos, tan...
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