No son casos aislados. Hay un lobo agazapado que apenas comienza a mostrar los dientes con chantajes, amenazas, panfletos, armas, arengas y estigmatizaciones. En silencio, estaba esperando su momento, presionado por las mayoritarias corrientes de opinión que en las calles, ventanas y redes reclaman derechos fundamentales que el Gobierno insiste en hacer ver como concesiones.
Pero bastó que comenzaran a crecer el mensaje guerrerista, la amenaza velada de represión y la legitimación de la autodefensa, para que reviviera a través de solicitudes absurdas, como esa del chantaje publicitario a medios de comunicación, según lo pidió un senador uribista en el Eje Cafetero. O la aparición de volantes intimidantes, como el que en Barranquilla busca acallar a docentes y líderes de opinión, y que hace recordar el matoneo contra una profesora que quiso ayudar a entender la coyuntura con casos de la vida real. A veces van más allá, como se investiga alrededor de la agresión a un docente y líder sindical en Medellín.
O como el mensaje en Cali, en voz de una cirujana despedida, que aupaba las acciones contra los indígenas y que resuena como un eco estigmatizante y peligroso frente a las mingas más recientes en Tolima y Antioquia.
O quienes están pasando a los hechos, como los conductores de vehículos de alta gama en el sur de Cali y, este fin de semana, en la capital paisa, así sea con armas traumáticas. O las sucesivas desapariciones y arrestos ilegales, que van mostrando un paso inexorable a los hechos.
Por eso es necesario exigir, al tiempo que disculpas, un alto en la diarrea verbal y un desescalamiento inmediato de la violencia en el lenguaje oficial, comenzando por el mindefensa que, de manera irresponsable, va soltando dardos y cargas de alta intensidad en su afán de ganarse el favor de las huestes uribistas.
Creer que la creciente desfavorabilidad de Uribe y la indignación contra el gobierno Duque han cambiado las creencias y prejuicios del numeroso y decisivo sector de la godarria nacional puede llamar a engaños. El lobo de la intemperancia todavía está ahí… y se alimenta de odio.