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La paradoja es que no es difícil creer que el presidente Petro no estaba al tanto de toda la escandola que desde distintos frentes le tenían preparada como una encerrona. Pero ese es quizás el origen de la madre de todas las crisis que hoy ha puesto en vilo las reformas, su primer año de gobierno y, especialmente, la confianza de quienes tenían cifradas sus esperanzas en el cambio que requiere este sistema anquilosado y corrupto. No deja de sorprender la posibilidad de inferir que el presidente no ha estado al tanto de nombramientos, engranajes, financiación, relacionamientos y día a día del tejemaneje político que es, como sabemos, donde se cuecen las habas y que debe investigarse hasta las últimas consecuencias.
Su preferencia por la plaza pública, la discursividad, las redes sociales y el debate, donde mejor se siente, lo ha llevado a delegar de manera irresponsable la toma de decisiones en manos ora inexpertas, ora ingenuas, ora con intereses soterrados u ora traidoras para pagar los apoyos de alianzas antinaturales, apoyos non sanctos y respaldos fundamentados en las bajas pasiones. No todo es eficiencia o lealtad. Hace falta astucia y experiencia.
Inexperto en la gobernabilidad nacional y acompañado de recién llegados o advenedizos, Petro parece no haber dimensionado, u olvidado, a pesar de haber sido ya víctima, que se estaba enfrentando con viejos zorros mañosos acostumbrados a mover los hilos desde sus madrigueras, a oscuras, con estrategias de baja intensidad. El “benedettismo” no tiene color político y hoy tiene varios exponentes agazapados.
Nada de esto parece azaroso. La ausencia de una estructura integral de ejecución en el más alto nivel, la consabida ausencia de una estrategia de comunicación y la falta de idoneidad en el primer círculo, desde el comienzo, abrieron tantos boquetes que las chuzadas, los caballos de troya, los entrampamientos, la confusión con base en decires de idiotas útiles, los bocones oportunistas, los manipuladores y las bodegas de la oposición están logrando sus dos grandes objetivos iniciales: el desprestigio y la inmovilidad. Con eso tienen por ahora. El resto, como se decía aquí la semana pasada, es cuestión de tiempo.
