Somos profecía cumplida. Sin lugar para sorpresas. Por más fuerza que hacíamos, sabíamos que vivíamos una paz transitoria y frágil. Que tarde o temprano, de la mano o la boca de las extremas, volveríamos a esta guerra estúpida. Una responsabilidad compartida, con protagonismo de este Gobierno incumplido y de violentos que, en medio de la tregua, entendieron que civilidad y legalidad no tenían que ver con ellos. Pero también de esta sociedad insensible que no defiende sus conquistas al vaivén de iras y pequeñas venganzas.
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Sabíamos que las pasadas elecciones, sin violencia, paranoia o muerte como factores decisivos en las urnas, eran tiempo de gracia, excepcional y pasajero, antes de que mafias e ilegales se apoderaran de economías locales en este país sin oportunidades. Responsabilidad compartida por una administración inepta y un ADN nacional que sigue labrando caminos.
Sabíamos que las horas de libertad de expresión estaban contadas y que los autoritarismos estaban dispuestos a no dejar títeres con cabeza que no fueran los suyos. Mueren medios icónicos como Noticias Uno, abandonados a su suerte (como años ha, este periódico) por anunciantes indolentes u oportunistas, por ciudadanos de doble moral que hoy se lamentan pero no hicieron lo suyo: ser audiencias, por un Estado impertérrito frente al desastre, en el que su silencio habla más que sus celebraciones íntimas.
Sabíamos que las palabras también matan y, en vez de morigerarnos, permitimos que políticos incendiarios, que son los principales culpables, ya ahítos de presupuestos, también se tomaran por asalto el debate, y los aupamos y remedamos hasta alcanzar este ambiente irrespirable que cobra vidas, por razones políticas, cada 48 horas en promedio y cuya huella más reciente es Karina García en Cauca.
Sabíamos que cualquier día íbamos a amanecer como hace un lustro, en medio de la intolerancia y la criminalidad. A este paso, en tres años estaremos como en 2001, diciéndonos que somos inviables, ávidos de mano fuerte y totalitarismos autodestructivos. Nos tenemos fe, como diría Borges.
@marioemorales y www.mariomorales.info