En esa pugna no declarada por la agenda, la atención e incidencia en la opinión pública, el entramado de medios tradicionales y digitales termina por representar más que al gobierno real, al gobierno y gobernantes deseados o deseables. No se trata de una conspiración a favor de un líder o administración, pero el ambiente y el estado de ánimo, a veces, coinciden con lo que quisieran las líneas editoriales o los intereses de las empresas de medios y con personajes piloto en la política cercanos a esos medios.
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Ejemplo de ello es el guante de seda con el que ha sido recibido el alcalde de Bogotá. A diferencia del presidente y otros gobernantes regionales que sintieron vigilancia y control, en ocasiones confundidos con oposición o activismo, incluso antes de posesionarse, el mandatario distrital vive toda una luna de miel en la representación mediática a un mes de posesionado y tres de haber sido elegido.
Adjetivos como ‘impecable’, ‘oportuno’, ‘adecuado’, ‘pertinente’ y ‘correcto’ rondan los titulares de las escasas actuaciones de Galán, comenzando por los incendios en los cerros. Su presencia en el Puesto de Mando Unificado (PMU) fue alabada y vitoreada como si no fuera la primera autoridad a cargo y eso un mínimo de su labor. ¿Tan bajita dejó la vara Claudia López?
El relato mediático, circunscrito por ahora a obras de maquillaje como reparcheos, comenzando obviamente por el norte, lo muestra como funcionario diligente. No importa que no haya terminado de nombrar funcionarios en instancias necesarias (lo que no le han perdonado, con razón, al presidente), o que siga pensando y planeando sus propuestas en seguridad, movilidad y empleo mientras la ciudad sigue viendo alarmada signos preocupantes en esos aspectos. Por ahora solo ha puesto un crítico espejo retrovisor en el muy pobre balance de su predecesora, pero sin que se vean, más allá de promesas y puestas en escena, políticas consolidadas. Siguen aprendiendo como si la ciudad fuera un kindergarten.
Hay saturación por la polarización en el ámbito nacional, pero que el alcalde no entre en polémicas no es suficiente para tildarlo de conciliador. Su misión es otra. En la ejecución comienza la evaluación. Que termine de posesionarse.