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Ya no fue posible, por razones de calendario, incluir esta categoría para los Premios Nobel de este año; ni siquiera para los Ig Nobel que galardonan la denominada ciencia gamberra, la cuadratura del círculo, lo desconocido o lo imposible, aunque quizás es allí donde tendría cabida de modo orgánico.
Pero alguien tiene que investigar los poderes sin límite de la cuenta de Twitter del presidente Petro. Su fama ya supera de lejos las cualidades del jugo de noni, del cuarzo, del feng shui y del bosón de Higgs o denominada partícula de Dios.
Los malquerientes del Gobierno ya le asignan a esa cuenta digital facultades capaces de allanar colinas, terminar de torcer entuertos, multiplicar los negativos, cambiar el estado de ánimo y hasta convencer obtusos con solo 280 caracteres.
Y eso que no se han despertado las bodegas afines al Gobierno para comenzar a atribuirle los milagritos de curar depresiones heredadas, construir certezas que ni la filosofía pudo o implantar verdades que pavimenten nuestra entrada al futuro.
A menos que el inventico solo tenga propiedades depredadoras, como el alma oscura de la propaganda sucia que ha puesto la influencia de ese medio social por encima de políticos, juristas y economistas, así la vara no esté muy alta que digamos. Y que detrás de tanto barullo haya solo presión, en esa frontera donde comienza a ser chantaje, para bajarles el tono a las reformas, desmontarlas o aplazarlas, como ya piden algunos, para las generaciones del próximo milenio.
Deben estar temblando influenciadores, sicólogos y coaches de autoestima y comportamiento que llevan años haciendo lo imposible para que clientes y pacientes les crean, sin imaginar que todo estaba en el poder de los trinos, los juegos de palabras y las etiquetas tuiteras.
Que no se vayan a dar cuenta en el exterior de esos poderes presidenciales, no sea que lo adopten como mandatario, junto con los suyos, y caigamos de nuevo, por descarte, en las garras del TikTok de Rodolfo Hernández, cuyos alcances e incidencias no llegaron a ser documentados, más allá de la risa o el ridículo.
