
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Tiempo no hay. No lo han querido entender las guerrillas, disidencias ni grupos armados organizados. El imaginario de que en los territorios el tiempo corre a otra velocidad que en las ciudades y que en el ámbito gubernamental está pasando factura en la paciencia nacional, pero sobre todo en las posibilidades de llegar a acuerdos de paz que no se desmoronen con una nueva administración.
¿Acaso ignoran que no podían, ni van a tener, una oportunidad mejor en términos de confianza? Por primera vez se sentaban a la mesa con un interlocutor sin planes ocultos ni sorpresas subrepticias con apoyos extranjeros.
Sin embargo, han abusado de los dos comisionados de paz, de los demás negociadores y de sus concesiones paulatinas en busca de avances significativos. Tras dos años, no hay mucho que mostrar, salvo un punto en la agenda con el ELN y diversos ceses al fuego, parcialmente respetados, que alivian a la población circundante, pero generan mayor incertidumbre por sospechas de rearme, reposicionamiento y reclutamiento de combatientes. Dialogar se ha traducido en menor presión militar y mayor movilidad, como parecen entenderlo los grupos armados que ahora proliferan en ese desaguadero en que se ha convertido el Clan del Golfo.
Con solicitudes exageradas, ataques sucesivos y secuestros humillantes, como el de 60 soldados en Guaviare, cuya autoría es confusa, no solo desnudan una vez más la indecisión gubernamental en la negociación, sino que pareciera que quienes están llamados a la mesa no están pensando en acercamientos de la paz total, porque tal vez creyeron que los términos de alcances reales se vencieron y se están preparando para la embestida en 2026.
Al mismo tiempo, con los dolorosos índices del conflicto, que suelen incrementarse antes de conversaciones de fondo, preocupa el recelo y la confrontación indiscriminada entre grupos ilegales por territorios, rutas o negocios, hasta el punto de que nadie cede un ápice por temor a ser copado.
Tan grave como eso sería que el gobierno insistiera en negociaciones como estrategia de campaña para dejar “pisados” acuerdos para un eventual gobierno cercano. No concretar juega en su contra y en la de la paz misma. Y si llegan otros, queda poco por esperar. Si ya hicieron trizas un proceso consolidado de un lustro…
