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Parece haber olvidado el ELN que las negociaciones de paz no son exclusivamente con el Twitter del presidente Petro y que en medio están las poblaciones de los territorios en los que tienen influencia. También la expectativa de un país que ha desconfiado de una paz total, pero si en algo tenía fincadas sus esperanzas era, precisamente, en un acuerdo pronto con ese movimiento insurgente.
Tantos años de guerra no les han dado para curtir la piel de los vaivenes de la opinión pública y especialmente de las posiciones gubernamentales, y ahora dan muestras de una sensibilidad extrema que afecta la mesa de diálogo, pero sobre todo la credibilidad en su interés real de buscar la salida pacífica.
Pedir más pasos al Gobierno, como lo ha hecho el comando central, es tomarse el brazo de quien le ha ofrecido la mano. Y en vez de ponerse en ese papel “digno” sobre si el Gobierno considera que quienes están a la mesa tienen representatividad en todos y cada uno de los frentes, deberían dar muestras de que así es, habida cuenta del mando distribuido por su carácter horizontal, reticular y, por lo mismo, diverso y no pocas veces contradictorio. Declararse impolutos y ajenos a los negocios ilegales, entre ellos el narcotráfico, es querer tapar el sol con un dedo y muestra miopía y exceso de delicadeza al no aprovechar el estatus político que hoy tienen y que es un imperativo moral para avanzar.
Tensando la cuerda, y en contravía del anhelo nacional de querer la tregua en todo el país, Petro ha ofrecido la alternativa territorial, que debe tener como escenario una región donde se crucen todos los problemas para que sirva de laboratorio.
Como respuesta, juega el ELN a arrinconar el Gobierno, urgido de resultados en la que se veía la línea más segura, y en medio de reclamos generalizados para que cambie el tono de las líneas rosa de las que hablara el comisionado de paz, por líneas rojas. Declarar en crisis la mesa es patear la mano abierta que ha tendido el presidente e insulta la paciencia de un país que ha estado en crisis humanitaria más de medio siglo por culpa de la guerra. Tanto va el cántaro al agua…
