Esta vez, las suertes de Claudia López o de Sergio Fajardo no son la suerte del país, afortunadamente. Más que expectativa, hay curiosidad por ver cómo se reacomodan, ese verbo que aprendieron a conjugar y que ahora les pasa factura cerrando sus aspiraciones presidenciales.
Como en el viejo pasatiempo humorístico, a Claudia se la pelean el Pacto Histórico y el Uribepalomismo. Los primeros dicen que pertenece al segundo y estos ripostan señalando que se encuadra en el primero en alusión a sus votos pasados. A esta altura es como si nadie la quisiera en sus huestes, a pesar o a causa de sus habilidades acrobáticas, cuyos practicantes, si se unen (temporalmente, como es obvio) darían para formar el partido del contorsionismo, cuyas bases las han perfeccionado desde Katherine Miranda hasta Roy Barreras y, de pronto, resulten reencauchados en cualquier rama. Una cosa es que la política sea dinámica y otra que las posiciones cambien por atracciones caóticamente aceleradas.
De Fajardo hay poco nuevo que decir, salvo esas “genialidades” de subirse en bicicleta estática o de blandir una escoba con la cual, si acaso, terminará de barrer sus exhibiciones, como si fueran intencionales, en el lugar equivocado.
Por culpa, en parte, de ellos, el centro, desaparecido, escondido o avergonzado, parece no jugar ningún rol en estos 56 días hasta la primera vuelta. Ni siquiera en el llamado al voto en blanco que otrora fuese tan importante. Es como si la sectarización hubiese minado la franja de los indecisos y solo dejaran espacio para los militantes y serviles, y que la única duda, que no indecisión, de algunos, es en dónde pueden llegar a sacar mejor provecho, como se intuye en las dos facciones de ultraderecha que parecen distintas, pero son tan iguales en principios y métodos.
Terminado el arsenal estratégico, quedaremos a expensas de las encuestas, adhesiones que mimetizan maquinarias y de los “hechos políticos” que como propaganda sucia construyan los sesudos asesores. Sin centro ni indecisos de veras ni voto en blanco empoderado ojalá no resulte fortalecido el redomado contorsionismo.