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A este paso y con este ambiente crispado, el año que comienza no pinta bien en resultados. El sectarismo, la campaña política y la ley de garantías amenazan con ralentizar proyectos, ejecuciones y contratos.
El primer damnificado es el eterno proyecto de metro convertido en tinglado, por primera vez, entre sectores alguna vez llamados alternativos, convencidos como están de que las derechas no tienen candidato serio. Lo demuestra la confirmación de la candidatura de Juan Daniel Oviedo, cuya única presentación es la dirección del DANE, aparte de ser telepanelista y su llamativa manera de hablar.
Le tocó al “tan anhelado metro”, como siempre, ser epicentro de campaña a la manera de la resbalosa vara de premios en la que, como en el juego infantil, a mayor ascenso, más riesgo de devolverse. No se trata de una visión de país o ciudad. Desde la troncal de la Caracas de Andrés Pastrana, el transporte urbano ha sido tratado de manera chambona y facilista con el pretexto de una solución rápida. El resultado es la subdesarrollada y conformista idea de Transmilenio. O la idea de metro elevado, mientras cerramos los ojos pensando que más vale un pájaro en mano que un transporte decente andando.
No se trata de una visión técnica o especializada. Si fuera así, la decisión estaría en manos de expertos en ingeniería, finanzas y asuntos legales. Es solo la urgencia de una alcaldesa, con imagen desfavorable elevada, dos de cada tres bogotanos e imagen favorable casi soterrada, para dejar obra y oxígeno a sus aspiraciones futuras, entre lo poco que tiene que mostrar, y no contaminar a quienes desde su partido quieren sucederla, y del capricho presidencial por revalidar pasados con estudios de ingeniería no tan claros, que le pavimenten la autopista a alguien de su coalición y en últimas le ayuden a recuperar los 10 puntos que perdió en favorabilidad, según Datexco.
Quedaría la opción de la consulta ciudadana, pero a la vuelta de la esquina está la tentación populista.
Lo peor es que, en ese berenjenal, podríamos quedarnos sin ningún metro y eternizar a Transmilenio y su mentor. De para atrás.
